Ausente

Ausente

Cuento seleccionada en la convocatoria “Todos Somos Teresa”.

Llegaba siempre atrasada a clases a veces incluso a la hora del primer recreo. Algunas otras veces ni siquiera llegaba, iba hasta el monte y se quedaba horas mirando las aves, pegada en las alturas. A ella le encantaban esas tardes solitarias en las que solo observaba los distintos pájaros y sus respectivos movimientos y cantos característicos. Los amaba y envidiaba a la vez, por el hecho de poder volar, era lo que le apasionaba y sobre lo que más sabía. 

La directora y la psicopedagoga aparentemente estaban preocupadas por las ausencias de Teresa; se habían aburrido de llamar a su apoderada porque nunca llegaba, de hecho nunca iba nadie a las reuniones de padres. Así, entre atrasos y ausencias, pasaban los meses y las materias frías del liceo dejaban escalofriantes resultados académicos para Teresa. Su madre estaba preocupada, pero tenía otros cuatro niños que también tenía que atender, y después del trabajo solo tenía un rato para hacer algunos quehaceres en la casa. No había tiempo para preocuparse de Teresa. Su padre había muerto hace unos años en un trágico accidente automovilístico, y desde ese momento, la madre de Teresa tuvo que multiplicar sus esfuerzos.

Teresa no era mucho de amigas, no era mucho de palabras, por eso evitaba la compañía y se sentaba al final de la sala, sola, junto a la pared donde alguien escribió con plumón rojo: Losers. Teresa era como una sombra que deambulaba sola por los pasillos gélidos y terriblemente añejos del recinto escolar. Teresa también se tardaba en volver del colegio a la casa. En realidad ella siempre se demoraba en llegar a todos lados, y era porque en los momentos en los que estaba sola caminando se sentía completa y podía dedicarse a observar aves. En esos momentos ella era libre. Teresa claramente prefería los pájaros a las personas. Ella quería volar pero sentía que la gente la atraía a la tierra como un imán. Por eso un día salió decidida y salto del puente. No dejó carta, no dejó huella en la tierra ni en los pupitres ni en el cemento, lo de ella era el cielo, ella quería volar. Lamentable decisión dijeron muchos pero las aves que fueron sus fieles compañeras respaldaron su decisión, ellas fueron las únicas que la acompañaron en su corto pero definitivo vuelo.

Ilustración: Marshiari Medina

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