Ávido

Con los labios secos y partidos, abrió por fin la canilla. Marrón, arenosa, y a gotas, cayó como lluvia al desierto de su boca. Con las manos embarradas la bebió desesperado. Mitad tierra, mitad líquido, cayó a su estómago escurrido. Después de él, cinco niños más…la tarde caliente y la bicicleta los había cansado.

El manejo sanitario del agua potable en el pueblo era bastante precario. Por lo tanto, la salud pública estaba altamente perjudicada. Aguas residuales estancadas, generadas por residencias, instituciones locales, comerciales e industriales, prácticamente no existían. Empeorado por la decadencia de los tanques sépticos y tuberías, que sí había, estaban rotas o viejas.

Las plantas de tratamiento municipal carecían de dinero, u honestidad para invertir en los químicos e infraestructura necesaria. Tristemente, los hermosos paisajes del pueblo, se veían opacados en una nefasta combinación de olores a excrementos humanos y animales, residuos sólidos y deshechos industriales.

Enterramos a Raúl y a sus compañeros, diecisiete días después de que consumieron el agua contaminada. Gracias a las redes sociales y a la generosidad de algunos empresarios, logramos hacer algo por nuestras familias. Lamentablemente nos costó siete vidas…

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