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Llevo muchísimos días con esta clase de pensamientos rondando por mi cabeza: sobre el horror del recuerdo.

Definitivamente es mucho más fácil cuando puedes olvidarlo todo, sin las huellas constantes de un pasado delator y oscuro. ¿No es eso más fácil? ¿Tener la mente en blanco siempre?

En comparación con aquella facilidad, recordar me parece una maldición. Mientras todos se olvidan para siempre de los sucesos del día así como así, pareciera que eres el único ser viviente que aun conserva su memoria intacta. Aún cuando todos los demás ya se han olvidado paulatinamente de ti, el recuerdo de todos perdura en tu memoria como el brillo de una estrella muerta.

Es horrible la sensación de olvido, pero es mucho más espantoso cuando la nostalgia te invade e inmediatamente buscas a aquellos con los que fuiste feliz alguna vez, solamente para descubrir que nadie se acuerda de ti, que has sido borrado.

Nada volverá, ni el lugar, ni el momento, ni el viejo tú. Todo se ha perdido.

Parece que fue ayer cuando reposaba alegremente en tu regazo cada tarde. Parece que fueron ayer los instantes en los que fuimos felices, cuando observábamos las nubes surcando el cielo y las estrellas asomarse en el firmamento. Cuando parecíamos el centro de nuestro universo que perduraría por el resto de nuestros días.

Hoy me encuentro aquí, en medio de la humedad del río más hondo, al lado de la soledad más segadora, con la tristeza comiéndose mis entrañas y escupiéndolas como si fueran simple basura. Tratando inútilmente de olvidarte cuando sé que es una tarea fútil.

Podría parecer que estar entre la vida y la muerte por fin habría podido ser la solución para olvidarme definitivamente de ti, pero ni siquiera una muerte aparente ha podido acallar los gritos constantes de mi memoria.

No importa cuantas veces me aviente hacia el vacío, este sentimiento azul que no se me despega del cuerpo, que repta a lo largo de mí, que sigue ahí agazapado, esperando para devorarme hasta que no quede ni un rastro de algún otro sentimiento.

Mientras estaba flotando en un estado irreconocible para la mente humana, muchos dirían que fueron mis lágrimas las que me ahogaron en medio de la desesperanza, la verdad es que fue el olvido lo que me hizo llegar a este estado de grave descomposición catatónica y amenazante que me deja entre las ruinas de lo que alguna vez fui, de los sueños que he tenido.

Todos nuestros conocidos te lo mencionaban, pero tú ni siquiera los escuchabas. Cuando te hablaban de mí, simplemente les respondías con un genérico “¿quién?”

En este momento me encuentro agonizando, incapaz de morir físicamente, pero ya no existo en tu memoria. He desaparecido por completo de tus recuerdos.

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