Bollos con café

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Cuento seleccionado en la convocatoria “Todos Somos Teresa”

¡Vamos, levántate, de pie, ya es hora! Se hace tarde y debo preparar el desayuno. ¿Acaso no dormiste bien? ¿Por qué esa cara? Bien sabes que comer pan de dulce en las noches no te deja dormir, es mucha azúcar para ti, ¿no es cierto? Está bien, no me contestes. Tú sabes que un vaso de leche caliente y una rebanada de pan tostado son lo mejor, pero no, eres necia, siempre has de hacer lo que te viene en gana. Vamos, te ayudo con el vestido. Sí, ya sé que quieres el de bolitas, pero ese ya te lo pusiste ayer, no lo puedo estar lavando todos los días. ¡Ajá! Ya vi que quieres usar la diadema que te regaló tu hermana; será mejor que te pongas el vestido azul, le combina mejor. Veo que tienes el cabello más cenizo que siempre. ¿Lo lavaste bien ayer? No quiero jalarte, pero el cepillo se enreda en las puntas y eso pasa cuando no lo enjuagas como debe ser. ¿Cuántas veces te lo he dicho? Si sigues así, para la próxima, tendré que entrar a la hora del baño a tallarte la cabeza aunque chilles. Así que más vale que lo hagas tu misma si no me quieres sentada al lado de la regadera para revisar que te bañes bien. Te preparo el desayuno y después lavo el vestido de bolitas para que esté listo para mañana, a lo mejor, eso te pone de mejor humor. Voy a la cocina a preparar el desayuno, no tardes. Buenos días Teresita, ¡qué bonita te ves de azul! ¡Pareces pitufina! Ja, ja, ja. No pares la trompa que todos van a creer que quieres beso y una tiene que darse a desear, tú misma me lo has dicho. Anda Teresita hermosa, vamos a desayunar, tengo mucha hambre y mamá se enojará si no pongo la mesa a tiempo, anda, anda, no te demores; al rato revisas las jaulas de los pájaros, todavía es muy temprano para que te quieran cantar. ¡Anda Teresita, tengo mucha hambre! ¿Cómo amaneció, Teresa? Esa cara de muina no la hace menos bonita. Escuché que pronto estará listo el desayuno. Ayer por la noche trajeron de la panadería los bollos que tanto le gustan; pero ya dormía y ni modo que la despertara. En el refrigerador guardé un poco de nata; será una delicia con el café de canela que nos servirá María. Vamos, vamos, que todo se enfría. Las plantas pueden esperar por la plática de Teresa. Allí se quedarán, no irán a ningún lado. ¿Y Teresa? La dejé en el quicio de la puerta, peleando con la diadema y hablando con los canarios. Ya vine por el pasillo, se entretuvo limpiando las flores de sus hojas secas. ¡Tere! ¡Teresita! ¡Teresa! ¡A desayunar! ¡Los bollos y el café se enfrían! ¿Tere, Teresita, Teresa? Groseros estos. ¡Mamá, abuela, suegra! ¡Que no somos iguales!

1 comentario

  1. Bravo!! Pensaba en una niña que iba creciendo.

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