Bulto de más

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Las visitas aumentaron tras el fallecimiento de mi tío. En secreto, mis padres platicaban sobre el hecho. Mi mamá lamentaba mucho la partida de su hermano mientras papá decía que lo habían matado por andar de cuzco, de perro, de acosador con los muchachos. En las noches, con la luz de la lámpara el perchero luce mis gorras y prendas encima, pero al apagarla, veo una figura siniestra parada en ese rincón; aunque no se mueve, siento la presión en todo mi cuerpo, los vellos de las piernas y brazos se me erizan a la par, un ardor tremendo en mis genitales me hace gritar, pero nadie me oye, nadie llega a auxiliarme. Si prendo la lámpara, el engendro se abalanza sobre mí y siento que me asfixia. No me deja en paz ¿Será porque lo corté en pedazos o porque dejé la mitad de su cuerpo para dárselo de comer a mis perros? Debo sacar las sobras del repugnante tío a la calle.

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