Concierto

La penumbra

llama al cantautor

cuyos ojos se resisten

-al compás de las cuerdas-

a que la edad borre los éxitos

que a damas y caballeros

hicieron compañía.

Sus manos hechas callo

se resisten a desafinar

y ante el vaivén disimula

los temblores en su voz.

La canción que nadie oye

merece pesos y centavos

que no afecten la economía

del público en el autobús.

Es otra noche que las cuerdas

resisten la interpretación

de un último concierto

para el olvido.

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