Es la nada quién te habla,

desde el desolado páramo,

desde donde pareciera

todo mal haber triunfado.

Es esta fusilería

la que cruelmente atormenta,

la que llora ojos bermejos

en paisajes muertos, yermos.

Dentro, las pantallas planas

Insoportables noticias narran

cual sin munición, ametralla

a las almas torturadas.

Todo esto no es vivir,

es inexistencia vil,

penosamente alarmada.

Sólo era un pequeño cambio

para que nada cambiara.

Y en la cima piramidal

no está a la altura ni el Papa.

Duele está ciénaga urbana

con un ponzoñoso limo

de mil virus infectada.

Y en la delirante oscuridad,

una espesa niebla blanca,

con fétido aroma de plaga,

te envolverá mientras cuervos

graznan pestes a tu espalda.

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