De la primera torre

No veo ni un pez
en el río, sólo a mí,
una y otra vez.

 

 

Tímida a veces,
enferma y rabiosa otras,
manzana, creces.

 

 

Mira, colibrí:
cuando choques, dejarás
de volar así.

 

 

Mi bella rosa,
a un tiempo eres sublime
y peligrosa.

 

 

Arena blanca,
sólo en tus recovecos
el mar se estanca.

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