N´être point occupé et n´exister pas

est la même chose pour l´homme.”1

voltaire

Vidas grises,

vidas planas,

vidas de carrusel,

vidas de perro.

Vidas desperdiciadas,

vidas arrumbadas,

vidas de mendigo,

vidas de náufrago.

Vidas desesperadas,

vidas de abandono,

vidas que ya no

se precian de serlo,

pero vidas al fin

y al cabo.

Vidas perdidas,

agonizantes,

que pocas veces

logran ser rescatadas,

ni siquiera

por sus propios dueños.

Vidas infames,

vidas rechazadas,

vidas de exclusión

y aislamiento.

Vidas gratuitas,

vidas sin sentido,

vidas sin mérito

a los ojos del mercado.

Vidas que, por lo tanto,

tampoco vale la pena

que sean rescatadas,

porque vidas como ésas

hay en exceso.

Alimentan al sistema

porque están ahí,

como recordatorio

de todo lo que puede perderse

de un momento a otro,

aun cuando lo que tengamos,

nos parezca poco.

Vidas que a través del miedo

nos incentivan

a levantarnos a las 5 am

tan sólo para realizar diariamente

largos recorridos desde casa,

para soportar al jefe,

soportar las jornadas de trabajo

largas y extenuantes,

soportar las horas extra

sin derecho a paga extra,

la falta de prestaciones

o las prestaciones miserables

con sueldos miserables,

las carencias de la vida cotidiana.

En resumen,

soportarlo todo

con tal de ganar lo suficiente

como para rellenarnos

el estómago

con alimentos de dudosa calidad,

ver el fútbol

o contemplar la programación

estúpida de la tele,

o alguna película estúpida,

tomar algunas cervezas,

mantener a la familia,

vivir al día,

pagar nuestras deudas,

pagar nuestros impuestos,

absurdos e inútiles,

pagar por haber nacido.

1 “Carecer de ocupación y no existir

es la misma cosa para el hombre”.

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