Día de muertos

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-¡Ahhh! ¡Pero que buen sueñito me aventé!- Dijo José mientras se estiraba los huesos.
-¡Si serás bruto, hemos dormido todo el año!- Increpó Carmen, su hermana.
-¡Despierta Gustavo, ya es 31!- Dijo el padre de los 3 difuntos.
-¡Ahhhhh, 5 minutos más, la comida no se va a ir!- Contestó José, medio dormido.
-¡Levántate ahora o este año no comerás!- Gritó Don Nicolás.
-¡Chales jefe ya voy!-
-¿Alguien ya fue a despertar al roñas y al sardinas?- Preguntó Don Nicolás.
-Aquí los tengo. – Contestó Carmen.

Todos los años, el Día de los fieles difuntos, Doña Chayito madrugaba para poder cocinar el platillo favorito que en vida disfrutaban sus seres queridos, así recordaba a sus 3 hijos, a su esposo y a sus 2 gatos.

-¡Óraalee, este año la jefa se lució!- Dijo emocionado Gustavo.
-¡Respeta a tu madre!- Sentenció Don Nicolás, al momento que le daba un golpe en la cabeza.
¡Miiiaaaauuuuu! Chillaron en coro los gatos.
-Agarren a esos pinches gatos, ¡el año pasado se chingaron mi pollo rostizado y tuve que tragarme esa chingadera enlatada que sabe a mierda!- Sentenció José.
-¡Ay, mi madre querida me hizo mi pozole!-Exclamó al borde del llanto Carmen, al momento que agarraba una cuchara para degustar aquel platillo.
-¡Oye, espera! ¡El pozole es mío, a ti te dejaron las enchiladas!- Apresuró Don Nicolás.
-¡No es cierto! ¡Esas enchiladas son tuyas, papá! El pozole está cerca de mi foto, es mío….- Respondió Carmen.
-¡Oigan, por favor no se peleen! Hay suficiente comida para todos. – Interrumpió Gustavo, tratando de evitar una disputa familiar.
-¡Tú cállate cabrón! ¡No te metas! Es más, ni de la familia eres, eres adoptado.- Gritó José, el mayor de los 3 hermanos.
-Espera… ¿qué dijiste pinche José?- Preguntó Gustavo sorprendido.
-No dijo nada. ¡Por favor, vamos a comer! Este año no vamos a discu…- Alancanzó a garraspear Don Nicolás.
-¡No, esto se arregla de una vez por todas! ¿Qué soy qué?- Arremetió Gustavo.
-¡Lo que oíste pinche sordo!- Le contestó José mientras se ponía en posición de boxeador.
-¡Pues orá, wey, déjate venir!- Retó Gustavo al hermano más grande.
-¡Ya cabrones! ¡Papá se está poniendo mal por culpa de ustedes!- Gritó Carmen separando a sus hermanos.

José y Gustavo se detuvieron para observar cómo a su padre le comenzaba a faltar el aire, Don Nicolás se llevaba las manos a la garganta, como si se estuviese asfixiando.

-¡Ejem, ejem! ¿Llego tarde?- Preguntó aquel extraño invitado.
-¿Y usted quién es?- Preguntó la hija.
-Buenas noches, me llamo Francisco, pero mi hermosa Chayito me decía Paquito de cariño. – Respondió el susodicho en tono melancólico.
-¿Cómo que “mi hermosa Chayito” ? ¿Pues quién te crees que eres, igualado?- Increpó Don Nicolás.
-¿Pues no se estaba usted disque muriendo? ¡Viejo ridículo, ya está muerto!-Respondió el recién llegado.
-¡Usted no está invitado! Aquí estamos únicamente la familia de mi querida madre. – Dijo Carmen.
-¡Claro que estoy invitado! – Contestó Francisco, señalando el retrato de él, el cual Chayito había puesto en el altar, muy cerca de las fotografía de José.

Todos los presentes se quedaron sorprendidos, no podían creer que aquella alma inoportuna fuera parte de la familia.

-¡Sáquese a la chingada de nuestro altar!-Sentenció José.
-¡Ay! Mi querido José, ¿serias capaz de golpear a tu padre?-
-¿Cómo que mi padre? ¡Usted no es mi padre! – Arremetió José enojado.
-¡Claro que lo eres! ¿A caso no notas nuestro parecido?-

Gustavo tomó el retrato de Francisco y lo comparó con el rostro de José.

-¡No mames, son idénticos! Ja ja ja.-
-¡Es verdad! -dijo Carmen.
-¿Cómo es eso posible? – Interrogó José, sorprendido.
-Así es José, eres mi único hijo.-
-¡Aquí el único padre de José, Carmen y Gustavo, soy yo! –
-A chingar a su madre ruco, ¡José es mi hijo! –
-¡Ahhhh, si te parto tu madre!- Masculló Don Nicolás mientras sus tres hijos lo trataban de detener.
-Señor será mejor que se retire.- Ordenó Gustavo de manera educada.
-¡Tú no te metas pinche adoptado!- Respondió el inoportuno invitado.
-¡Ya valió madre, si le parto su madre por metiche!- Gritó el ahora adoptado.

El caos se estaba apoderando de la ofrenda, todos estaban exaltados. El eructo del sardinas y del roñas interrumpió aquella batalla campal.

-¡Hijos de su pinche y gata madre! ¡Ya se tragaron todo!- Gritó Don Nicolás.
-Y todo por andar discutiendo.- Afirmó Carmen.
-¡Ahhh dejen dormir! ¡Chingada madre!- Se escuchó una voz que sigilosa se acercaba, era Doña Chayito mientras encendía la luz.

Doña Chayito murió a los 76 años esa noche mientras dormía en su cama, todos los días esperaba impaciente que llegara el día para poder reunirse con quienes ya se le habían adelantado; su familia… sus muertos.

-¡Madre!- Gritaron al mismo tiempo los 3 hermanos.
-¡Bienvenida mi ama…!- Dijo Don Nicolás.
-¡Chayito de mi vida y de mi corazón, te he estado esperando!- Interrumpió Francisco.

Doña Chayito creyó que muriendo encontraría paz, pero jamás se imaginó que tendría que explicar la adopción de Gustavo, la paternidad adjudicada de José, así como la presencia de Francisco en el altar, después de todo estaba más tranquila estando con los vivos.

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