Anoche observé una discusión muy intensa entre dos personas por cuestiones de preferencias políticas. Fueron momentos incómodos porque los ánimos se calentaron y estuvieron a punto de los golpes. Gracias a la intervención oportuna de otros compañeros que se encontraban cerca del sitio, quienes hablaron con los involucrados, no pasó una desgracia entre ellos.

Resulta complicado dialogar entre amigos cuando intentan ponerse de acuerdo sobre temas sensibles. Ideas opuestas se exponen tratando de negociar para llegar a establecer un punto neutral, compartiendo interpretaciones, opiniones o ideas sobre algún tema. Es indispensable que prevalezca el respeto entre los involucrados, recordando que sólo es una idea lo que se está analizando y discutiendo; no las cualidades ni la forma de ser del interlocutor, porque se pueden suscitar otros problemas emocionales o actitudinales que limiten la relación posterior entre ambos seres.

Los argumentos enunciados en torno a la temática sirven para avalar la interpretación de cada participante, por ello, es necesario utilizar información veraz, que sustente con datos reales que lo que se está defendiendo, no sean meras conjeturas o creencias de algún grupo de personas qué tratan de distorsionar la realidad.

A nivel mundial, la sociedad está enfrentando una crisis de salud, donde el miedo social –generado también por las potenciales consecuencias en el organismo provocadas por un virus–, se asocia al incremento de enfrentamientos y asesinatos sin sentido por cuestiones de racismo, religión, nivel socioeconómico, cultural y étnico, olvidando que todos somos iguales, que tenemos los mismos derechos; pero que esa igualdad también nos hace diferentes, por lo que merecemos un trato digno. Resultará difícil e incongruente querer educar a los niños y jóvenes en la tolerancia para que muestren empatía hacia los demás, cuando los adultos estamos reflejando nuestra falta de valores.

Por último, recordemos que tener más dinero, determinado color de piel, cierta religión o partido político, no nos hace más o mejores que los demás. Respetemos las diferencias. Para tener una convivencia pacífica, debemos tener en mente que las diferencias nos unen como fraternidad, que necesitamos vivir en comunidad y que todos necesitamos de todos.

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