Los días amanecen nublados y la luz mortecina se filtra por las ventanas dejando un halo tristón en todas las estancias.

Me levanto a las siete, como siempre, porque intento hacer la rutina de cada día, para minimizar el encierro forzoso. A pesar de todo esto, he introducido algunos códigos de observación estilo “ La ventana indiscreta”, recordando aquella película memorable de Grace Kelly y James Steward, con el suspense incluido. Aquí no llega a tanto, y así, cuando me levanto, y mientras me preparo el café con leche (que es lo mejor del día), observo las múltiples ventanas que alcanzo a ver desde mi casa y saber quien se ha despertado o quien sigue durmiendo, quien lo hace con la persiana bajada y quien con media persiana arriba, si han hecho la colada el lunes u otro día. Son simples curiosidades, que hacen que mi mente siga en actividad.

Hoy es el décimo día de reclusión, y hasta el momento, no he sido capaz de escribir ni una letra, pese a que es uno de mis hábitos; no soy capaz de racionalizar lo que está sucediendo: las noticias del número de afectados, de los muertos, de las desesperadas demandas de los sanitarios del material necesario, para poner fin y hacer frente al maldito virus, y luego las noticias políticas. Todo se me hace una realidad fantasmagórica de la que no soy capaz de salir.

Escuchar música clásica unas veces, moderna otras, ver la tele o desconectarme viendo las novelas turcas de “diviniti”, no es suficiente para que mi cabeza funcione con normalidad.

Hoy es 6 de abril y voy escribiendo, sin continuidad, dependiendo de las circunstancias. Ya han llegado las golondrinas a los cuatro nidos que tengo en mi ventana y escuchar sus trinos, observar sus entradas y salidas, son una de las distracciones que dan un poco de vida a estos días amorfos y llenos de silencio. El silencio es abrumador, sólo en algunas ocasiones se escucha un rumor lejano de alguna casa. No se oye el ascensor en su continuo subir y bajar, o el cerrar de golpe de alguna puerta. El silencio es como una falta de vida. Sin acontecimientos directos, hay que esperar a las 8 de la tarde, para aplaudir a todos los sanitarios que son los verdaderos héroes, que están salvando vidas.

Pasa la policía en sus coches con las sirenas, y saludan, mientras continúan los aplausos. ¡Todo es un acontecimiento!. Las terrazas se llenan de gente para mostrar el agradecimiento a los que velan por nosotros y por nuestras vidas. A todos ellos nuestra admiración y respeto.

Con mención especial a los hombres del campo y los vendedores que nos dan a todos el pan nuestro de cada día.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *