El final es caótico como la existencia misma.
Hunde sus garras en la tierra lúgubre.
Levanta a los caídos que embriagados de muerte.
Buscan enterrar la vida.

Los niños tendidos sobre la roca fría se pierden en el descanso eterno.
Mientras en la batalla triunfa la muerte.
Triunfa sobre el avaro que trata de llevar con él su riqueza.
Sobre la anciana sosegada que parece ser la única que entiende.
Sobre la mujer que abraza de nuevo a su amado
y ebria de victoria ensancha su colección de cráneos y deseos.

El mar colérico se traga toda esperanza de huida.
Los navíos crujen en pedazos las olas astilladas lo devoran todo.
Y los nombres se hunden en el azul abisal del olvido.

La muerte ha reclamado el mundo.