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Fue necesario para dormir tomar una infusión de Valeriana, el relajante natural eliminó el dolor de cabeza, bajó mi presión arterial y vencí el insomnio, dando a mi cuerpo la oportunidad de recargar energía y a mi mente “un respiro”. El distanciamiento social prolongado por la pandemia había incrementado “los malos hábitos” y las muchas horas de cama, mucha televisión de entretenimiento, muchas frituras, muchas noticias amargas, mucho estrés, mucha nostalgia, y más muchos dentro de casa “hicieron lo suyo”.

También fue preciso programar la alarma en mi celular, colocarlo a un lado de la cama para asegurar oírlo y despertar a tiempo éste primer día de reactivación social y económica escalonada –primero unos, luego otros- me levanté, elegí la ropa y la alisé, me bañé y vestí rápidamente e hice de comer para los dos, serví mi plato y el tuyo, consumí mis alimentos viendo con desanimo tu platillo enfriarse, cepillé mi dientes y corrí al pasillo gritando “me voy”, las palabras se escucharon forzadas por una presión en el pecho y un nudo apretando la garganta, respiré profundo para disminuir la tensión y los latidos del corazón, era difícil ausentarme después de pasar la cuarentena compartiendo tanto juntos -salí con prisas al trabajo, no sin antes revisar que llevaba la lista con todos tus encargos con la misión de hacerlos y regresar temprano a casa.

Reincorporada a la vida exterior, mi voz interna agradeció estar otra vez activa en el trabajo, fue bueno dirigir los pensamientos y acciones a sacar pendientes acumulados por el paro de actividades no esenciales dando prioridad a las tareas importantes -convenientemente mi memoria te desplazó- pero al terminar la jornada fue inevitable pensar en ti, ansiosa tomé la lista y con ella en mano salí a buscar lo indicado.

En el Centro comercial procuré los comestibles, “suficientes y variados” sin caer en excesos, lo señalaste en los primeros días del retiro cuando las puertas de la alacena no cerraban rebasadas por enlatados y comida chatarra; después pasé a la ferretería para adquirir fusibles, aceite y aquellas lámparas olvidadas en las compras de pánico como evidencian algunos espacios comunes oscuros en casa, además agregue esa pintura de “tierras florentinas” para aterrizar nuestro proyecto de crear un ambiente más relajado en la cocina, reemplazando ese amarillo oxido que “eleva la temperatura corporal” según tus palabras, y por último “más por deber que por voluntad” me inscribí al curso presencial de yoga OM que iniciaría en breves días, te lo debía, me renovaría ya que el significado de su nombre representaba “el principio y el fin de todas las cosas”, además de que siempre te gusté “flaca y centrada”.

Con las primeras sombras de la noche regresé a casa, abrí la puerta, en la entrada coloqué las bolsas con las compras y encendí las luces exteriores, caminé por el pasillo en penumbras musitando un “ya llegué”, pasé por la cocina y contra la luminosidad de una pared amarilla pude ver sobre la mesa el platillo que serví para ti en la mañana, intacto, exhibiendo tu ausencia en un día que deberíamos celebrar juntos, el primero de una “libertad controlada”… pero esté nuevo mundo “post-epidemia” no te tiene, ¡te fuiste entre sábanas y agujas hirientes, respirando dificultosamente y prometiendo que darías batalla!, ¡lo hiciste, sé que lo hiciste, debías vencer lo desconocido para regresar!… ¡Cumpliste estás aquí en esencia, lo percibo en cada rincón y pieza que refleja tu carácter, tu ingenio, tu viveza, más bien “es un todo” en ésta casa! -el lugar deseado para reencontrarme contigo- así que me aferré a tu esencia he hice lo planeado, retiré el platillo de la mesa, coloqué un par de copas y vertí nuestra bebida para festejarlo…, más tarde, con el pasar de las horas sigilosamente la nostalgia y el estrés se instalaron en mí, dando paso a la ansiedad, mi presión arterial se elevó y fue necesario para dormir tomar una infusión de Valeriana…

2 comentarios en «El lugar deseado»

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