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Sandra sale apresurada de su casa, con su bolsa sobre el hombro, sosteniendo un pastel con la mano izquierda, y con las llaves de su auto en la derecha, sube a éste, se acomoda y arranca, el reloj en el tablero marca las 6:25 pm, dispone solo de 35 minutos para presentarse en el famoso restaurante italiano “Benedetto” elegido para celebrar el cumpleaños ochenta de Eloísa, su madre, una viuda que siempre disfrutó de la vida, ahora con Alzheimer en etapa media, y cuyos momentos de lucidez se disparan cuando está rodeada por toda la familia. Es un cumpleaños sorpresa sugerido por Julián, el enfermero de tiempo completo de Eloísa, y es importante que todo esté listo antes de su arribo al restaurante, lo que incluye familiares, amigos, una decoración con rosas rojas ”sus flores preferidas”, la música de su agrado de los años cincuenta, y sobre la mesa principal su pastel favorito: casero, sabor chocolate y hecho por su hija Sandra. Todo está programado a las 7:00 pm y no puede llegar tarde.

El trayecto de su casa al restaurante es corto, pero ese día el tráfico moderado de la zona está afectado por una marcha pacífica de mujeres contra la violencia de género, Sandra simpatiza con esa movilización, sin embargo su prisa y estrés no le permite brindarles respeto y presiona la bocina del auto con frustración e ira. Es ignorada. No avanza. Desesperada Sandra decide cambiar la ruta, gira su auto y se incorpora a una avenida con menor tráfico pero larga, la recorre acelerando, tiene toda la intención de cruzar la intersección antes del cambio de luces del semáforo con luz verde que vislumbra a lo lejos, llega al cruce con la luz preventiva y no se detiene, cruza con el cambio de luz de amarilla a roja, siendo consciente de su imprudencia ese instante le parece eterno, y en esa eternidad tiene un encuentro ciego e inesperado…

Sandra siente un impacto en el lado izquierdo de su auto, un instante después su cabeza se estrella contra el borde interior de la puerta del auto y pierde contacto con la realidad, sin conocimiento y sumergida en la oscuridad sólo es un cuerpo lánguido y vulnerable, expuesto a los movimientos de un auto sin control que gira a consecuencia de la colisión con otro, y que finalmente se detiene en sentido contrario en la avenida transitada, adentro ella está inmóvil sobre el volante, con su cara bañada en sangre debido al golpe que laceró su cabeza y que rompió el hueso craneal, traumatismo que término con su vida. A su lado son testigos un cinto de seguridad desdeñado y un pastel destrozado que ya no se entregará.

Son las 7:36 pm e irónicamente Julián y Eloísa arriban tarde al restaurante “Benedetto”, no fueron puntuales, el motivo fue la acentuación de los síntomas de Alzheimer al momento de ataviar a la festejada, el deterioro de su memoria no permitió cepillar sus dientes y peinar su cabello por ella misma, eso la irritó y no cooperó en la elección de su ropa y vestirse, recibió ayuda y superó esa batalla. Su enfermero está satisfecho.

En el evento Eloísa reacciona como lo esperaban los momento de lucidez se incrementan, sabe quién es, su edad, y en qué lugar está, elogia la decoración y la ambientación musical , se siente tan bien que tararea la canción que se escucha en ese momento …”y te diré hasta la muerte guapa, guapa y guapa”… Su familia está feliz, ella los reconoce, además ha preguntado por Sandra su hija menor, le han dicho que está en camino con su pastel preferido: “casero y sabor chocolate”, hasta ese momento todos desconocen los acontecimientos trágicos, es cuestión de tiempo que reciban la noticia y el ambiente festivo se quebrante, llegado el momento Eloísa tendrá un aliado ante tan dolorosa pérdida, su nombre: Alzheimer.

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