El ¿sinsentido? en los libros de Ángel Ortuño

El ¿sinsentido? en los libros de Ángel Ortuño

“concibo lo literario como la capacidad de reflejar el lenguaje,
los gestos, costumbres y pensamientos, a partir de la observación aguda,
la descripción fiel y acertada y el oído atento”
Enrique Aguilar.

“Tendía a ser irónico y designaba a los escritores
que no eran de su agrado anteponiéndoles el ‘señor’”
Rafael Cansinos-Asséns.


Cinco son los libros que Ángel Ortuño (Guadalajara, Jalisco, 1969) tiene colgados en un blog de wordpress, denominado “Poesía Mexa”, creado por Luis Eduardo García (Jalisco, 1984), en marzo de 2016, justo cuando el joven autor fue beneficiario del FONCA en la categoría Jóvenes Creadores (2016-2017). El trabajo de Ángel Ortuño fue colgado en este portal el 12 de marzo de 2016 y es una de sus primeras entradas. Haga usted sus conjeturas. Las obras de Ortuño que Luis Eduardo García decidió publicar en el blog son: Mecanismos discretos (Mano Santa Editores, 2011. 40 páginas, plaquette de poesía), 1331 (Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2013. 64 páginas), Poemas swinger y otros malentendidos (BongoBooks Ediciones, 2014. 36 páginas, plaquette de poesía), El amor a los santos (Viejo cartonero y Ediciones El Viaje, 2015. 49 páginas, plaquette de poesía) y Turbo girl. Historias de la mamá del diablo (Ediciones Aguadulce y Trabalis Editores, 2015. 41 páginas, plaquette de poesía).

En estas cinco obras, se puede constatar que el trabajo poético de Ángel Ortuño pretende ser un divertimento tremendista, que gustará más y será mejor entendido por quienes logren reunir en su lectura el chascarrillo culturoso, cuyo único propósito es el de divertir socarronamente. Divertimento significa: ‘obra artística o literaria de carácter ligero’. y como tremendismo se conoce a esa corriente estética entre escritores y artistas plásticos que se caracteriza por exagerar los aspectos más crudos de la realidad. Sin embargo, entre sus fieles jóvenes admiradores se puede leer, al menos en redes sociales, que el trabajo de Ortuño es una obra poderosa que debe ser considerada como un todo, sin sacar sus poemas de contexto, o incluso como algunos llegan a decir: “Los poemas son estupendos por múltiples razones”…razones que deciden no exponer.

Al final, hay que considerar cuáles son las búsquedas de cada lector de poesía. Y con este postulado todas las críticas son bienvenidas, y cada uno las tomará como quiera. Dylan Thomas señala: “Yo solo leo poesía por placer. Leo sólo los poemas que me gustan. Esto significa, naturalmente, que tengo que leer una cantidad de poemas que no me gustan antes de encontrar los que me gustan, pero cuando los encuentro, entonces lo único que puedo decir es: ‘Los encontré’ y leerlos por placer”.

Por ello, hablando de gustos poéticos, y de estilos en la poesía mexicana, podemos agregar lo que Malva Flores en 2014 escribiera: “comprendí que yo era una poeta “de mantel”, como llaman ahora a los poetas que no practican gimnasia en el escenario, no disponen de un aparato pictórico-esotérico-musical que los acompañe y leen sentados frente a una mesa cubierta con un paño verde o azul”; un estilo que contrasta con lo que el creador Poesía Mexa, Luis Eduardo García nos dice en 2016: “Nuestro criterio de selección es muy simple: incluir autores que valoren algún tipo de riesgo en su escritura, entendiendo como riesgo un atributo presente no solo en el trabajo de poetas abiertamente experimentales (en lo formal, conceptual o discursivo), sino también en el de otros que, aun desde una asimilación más estable de las múltiples tradiciones poéticas en nuestra lengua, no se conforman con reproducirlas de manera pasiva, sino que añaden algo al cuerpo heterogéneo y mutante de la poesía mexicana”.

Ya en 2007, en su poderoso ensayo titulado “Caníbal. Apuntes sobre poesía mexicana reciente”, Julián Herberth había señalado: “La rivalidad y el desacuerdo son una constante en el corpus de la poesía mexicana actual. No me parece una situación negativa, siempre y cuando la apreciemos en sus justas dimensiones”.

Y desde estas posturas es que quiero presentar mi lectura de las obras que anteriormente he señalado de Ángel Ortuño:
Como arriba expuse, el trabajo poético de estas cinco obras es el divertimento tremendista socarrón. Parte de una idea de hacer reír al iconoclasta, al chico rebelde sin causa, a la niña que se atreve a mostrar el dedo medio y a decir “wey” con total soltura. Se trata de textos cuya búsqueda apenas es pretender que un sector de la población piense: “Así soy yo, como estos hablantes líricos del maestro Ortuño; me puedo mear, puedo insultar, escupir sin recato sobre los demás; apretar las bubis de las mujeres, cagarme en la catedral, traicionar el canon, ser ‘abiertamente experimental’, todo dentro de mi poderoso sentir que soy culto. No soy naco porque puedo ser culto, sin enroncharme. Si leo poesía mexa puedo parecer vagabundo, pero irradio conocimiento, y por eso estoy ajeno a los lectores de la tradición academicista, y soy superior a los poetitas confesionales, escupo sobre la academia y sobre los grandes maestros, lo mío es la verga, el coño, el pitorrearme socarronamente sobre aquellas buenas conciencias”. No, pues, ¡wow! Una generación de “lectores de poesía maldita, arrabalera, disfrazada de cultismo, abiertamente experimental”. ¿Y?, diría el filósofo. ¿Y? ¿A eso es a lo que Luis Eduardo García llama ‘poetas abiertamente experimentales’? ¿Es en serio?

Vamos en orden. En el 2011, dentro de su trabajo titulado “Mecanismos discretos”, Ortuño abre con un texto que ha titulado: “Maelstrom”; su alusión es clara al poema del mismo nombre de Luis Cardoza y Aragón, así como al cuento del maestro del horror Édgar Allan Poe: “Un descenso al Maelström”. El trabajo de Ortuño se presenta así:


Voy a patear los puntos de las íes.
Voy a jugar al golf
con Míster Keemby.
¿No han leído a Cardoza y Aragón,
so haraganes? A limpiar la cubierta
con los dientes. Lázaros.
Adanes.
¿Y la espada de fuego?
Indica la sección de fumadores.

(disculpe usted la espantosa rima entre haraganes y Adanes, ¡por favor!)

Mientras que el trabajo del maestro Luis Cardoza y Aragón (Guatemala, 1901 – Ciudad de México, 1992) con el mismo título dice:


Maelstrom (Fragmento)
El día no quiere despertar
en ti mis sueños se prolongan
lo real imaginario
vivo despierto en tu diluvio
trébol de tiempo de una sola hoja
de ti a mi sueño no hay distancia
te había soñado pero eras real
como un vilín germinando
como un surtidor de cimitarras
como una catedral
ardiente den la alta noche en la mar alta
yo no quiero dormir solo
en la incestuosa noche fraternal
cuando no estás me acompañas
y porque eres verdad puedo tocarte
en tu cielo giratorio
en tus palacios errantes
como jauría de arpas carniceras
como el vino el ángel la ventana
como una cornucopia de centellas
cuando mis tigres saltan en tu cama
el mar tiene la forma de mi amor
llueve dentro de mí tu rosa bárbara
tu carne es mía bajo la guillotina
besamos el sol cuando nos besamos
gracias doy a la vida
tu amor tiene la forma del mar.

Sobre Cardoza y Aragón, el crítico Álvaro Darío Lara señala: “El poeta guatemalteco Luis Cardoza y Aragón (1901-1992) representa sin lugar a duda uno de los escritores centroamericanos e hispanoamericanos más relevantes del siglo veinte”, pero el encabalgamiento de Ortuño donde señala “¿No han leído a Cardoza y Aragón, / so haraganes?”, no es más que una forma de promover la lectura; sólo es eso, un chistecillo de ese tío culto de arrabal sobre los niños-jovencitos que lo siguen admirado.

Monterroso ha dibujado a este tipo talleristas, —que debe ampliarse a los promotores de lectura, y ahora vemos que también a los poetas—; lo hizo como parte de su cuento “Obras completas”, de esta forma: “Su gloria como maestro de la juventud no era menor. El selecto grupo de ávidos discípulos que comandaba, y con el que compartía una que otra hora por las tardes, veía en él un humanista de inagotable erudición y seguía sus indicaciones con fanatismo incondicional”. Me parece que la defensa, que en redes sociales hacen de Ortuño, es más por su amistad, por el respeto que sus alumnos deben a sus lecturas, pero no están planteando los significados de sus poemas.

Hemos visto que Ortuño abre su poemario del 2011 con este guiño lector a Cardoza y Aragón, y lo termina con ese divertimento tremendista que se vuelve prácticamente el sello de toda su poética: “¿Y la espada de fuego? / Indica la sección de fumadores.” ¿Un hallazgo?, ¿es en serio? ¿Convertir la espada ardiente, que protege el árbol de la vida del regreso del hombre al Edén, convertirla en sección de fumadores es el hallazgo? Por supuesto que tenemos que quedarnos con el poema de Luis Cardoza y Aragón. Con versos de este poder poético: “como jauría de arpas carniceras”, o tal vez con “cuando mis tigres saltan en tu cama”. La fuerza de Cardoza y Aragón y los ejercicios literarios de Ortuño contrastan de manera enorme. Acabaremos diciendo con sus groupies: “Gracias, Tío Ortuño, por mostrarnos al Luis Cardoza, eres la mera onda”.

Gracias por hablarnos del guitarrista de blues que le vendió su alma al diablo, gracias por mencionar a Heliogábalo el emperador romano transexual, por recordarnos a Madame de Pompadour la cortesana francesa, por contarnos de los solitarios que se retiran de todo contacto social, ¡qué importa que tus textos no tengan calidad poética!  El hecho de poner estos nombres y conceptos en tus creaciones será suficiente para elevarlos sobre los demás poemas. ¿De eso se trata? ¿De poner nombres, conceptos y sucesos del Wikipedia? ¿Acaso no importa que la construcción poética sea simple, colmada de rimas internas, que se rompa el campo semántico? El cultismo, el tener cultura sacada de Google es lo importante.

Ejercicio: Encuentre usted el poema en el siguiente texto titulado “Diciembre Dismember” (me encanta el jueguito de palabras que el autor hace sonar en el título):
“Evadida con pulcritud aparente la tentación de limitarse a describir esa fotografía que ilustra el álbum (ergo el procedimiento conocido de versificación y escamoteo), el siguiente tropiezo no querrás sino darlo, una serie de palabras cruzadas sobre imágenes donde las secreciones corporales preludian la autofagia de Heliogábalo (sin duda es divertido cuando le ocurre a otros).”

Las rimas ocurren por el sonido de las vocales al final de los versos. En negritas se observan las que Ortuño deja en su texto: e-o, en ergo, escamoteo y tropiezo. ¿Acaso el autor, al regodearse en su sinsentido, decide no prestar oído?

Imagen, ritmo y sentido, es lo mínimo indispensable para que al leer un texto nos descubramos frente a la poesía, sin importar el género literario. Las imágenes son aquello que debe predominar en el poema, las acciones (que nos entregan los verbos) son las que deben predominar en las narraciones: cuentos, novelas, minificciones. Al analizar poemas, revisamos siempre a los hablantes líricos, las imágenes, los ritmos, revisamos el sentido, y por supuesto que el sinsentido es también una forma del sentido que nos puede presentar una obra literaria. Los groupies de Ortuño hablan de ese sin sentido avasallador de su obra, y desde luego que está presente, pero no como un logro, sino como displicencia.

En su Manifiesto Poético, Dylan Thomas comenta: “Uno de los métodos que empleaban los surrealistas era el yuxtaponer palabras e imágenes que no tenían ninguna relación racional entre sí y con eso esperaban alcanzar una especie de poesía subconsciente u onírica, que sería más fiel al mundo real e imaginativo de la mente”, y remata: “Con lo que estoy en profundo desacuerdo”. Por supuesto que en el trabajo de Ortuño no estamos frente procesos surrealistas de creación, ya hemos visto su notoria intención didáctica, rellenar sus pequeños textos (muy pocos sobrepasan la cuartilla), de nombres, conceptos, personajes con las que quiere confrontar a sus lectores. En el texto titulado Hikikomori, dice lo siguiente:
Más allá de seis meses
(lo afirmó
el Ministerio de Salud).
Más acá de las islas
como solideos de arena blanca
donde Lucrecia Borgia es la palmera,
el estallido
seco de la tinta entre las piernas.
Ya no
pienses en eso:
acuérdate que vives con tus padres.

(Usted perdonará de nuevo la rima entre “Lucrecia”, “palmera” y “piernas”). Se observa otra vez que los conceptos y los personajes confluyen en un texto más que no logra despegar ni por el ritmo (éste lo atrapa con la misma rima ya señalada), ni por lo prosaico (lo afirmó el Ministerio de Salud o en acuérdate que vives con tus padres), y mucho menos la falta de equilibrio entre el Hikikomori y el “vives con tus padres”, y el erotismo mutilado que significa la presencia de Lucrecia Borgia.

Todos los textos que forman parte de Mecanismos discretos tienen el mismo sonsonete como ritmo. Pero, además, por momentos, presentan estas joyas:
“Con tinta negra escribo calamares,
tarántulas,
gorilas,
derrames de petróleo por los mares.”

No, no, no. No puede ser cierto. Pero lo es. El sonsonete del que les escribo se puede ver en líneas textuales de diferentes composiciones. Lea usted en voz alta, intente disfrutar:
“Las manos,
su contorno por dentro de las líneas.
Si la muñeca rusa
se ahondara como algunos insectos
se comen el papel.
Le dicen que se esfuerce en un solo lugar: amontonada.”

Pero lo de las rimas es excelso:
“Ajustado. Pero también cercano”. En el texto titulado: “Estrecho”.

“Pero vuelvan acá: estamos
(bueno: están) como jurados” del texto titulado: “Las joyas del marfil…”

“Vengo de una familia poderosa.
Vivo así porque quiero.
No me amenaza nadie.
Dígame su problema: lo resuelvo.” del texto titulado: “Animales, frutas o partes del…”

“Colecciona muñecos.
Quiere tenerles miedo.” del texto titulado “Fórmula desgastada”.

¡Basta! Hemos visto algunos ejemplos de lo que en este trabajo de Ángel Ortuño podemos encontrarnos. Aún así, pensando en lo que nos ha propuesto Dylan Thomas tenemos que reconocer que en estas páginas algo puede ser rescatado (y cada uno tendrá sus propios favoritos). Yo me quedo al menos con el texto titulado: “Incentivos para el buen desuello”.
La bruja, por supuesto,
podría salvarse
de la condenación eterna.

Será preciso cosechar el trigo
que crezca sobre el lugar
donde la enterramos viva.


Veamos ahora el trabajo titulado “1331” publicado por la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Se sostiene el ideal de mantenernos dentro del “divertimento tremendista socarrón”, y para muestra:
“Arruine su vida en 10 segundos”.
En el internado
para señoritas mal portadas mientras dicen
que remodelarán la alberca olímpica
pero que apenas llega a ser un lodazal
porque hay privilegios
y si gritan
¡Míranos, Virgencita, lo que hacemos por ti!,
semidesnudas cuando se entregan a ciertas acrobacias,
¿esperan que algún día
Madame les vuelva a dar papel higiénico?
Cuando manejan solas
—recuerden, por favor—
llevan de copiloto a Adolfo Hitler.

Un texto donde todos los conceptos que se presentan sostienen esa pretensión de “vamos a espantar a los mojigatos”; pero habría que revisar en la historia de la poesía cómo se ha hecho y con mucho mayor encanto, esa idea de “espantar a la conciencias, del ser irreverente”.
Revisemos por ejemplo que apenas en 1923, Alberto Hidalgo publica su “química del espíritu” en el que juega con gran profundidad:
“viaje alrededor de mí mismo”
como los suspicaces políticos
salen a recorrer aldeas
hacia las vísperas de las elecciones
me he puesto a caminar por los caminos
de mi YO

¡cómo tardo en volver
al punto de que partí!
¡oh!
¡cómo tardo!

hace muchos años que llevo
viajando por mis provincias interiores,
y cada día el corazón me llama
a detenerme en él toda la vida.
pero yo no lo escucho,
y sigo
esta marcha por mí, que durará
muy largos años todavía.

y es que uno
se prolonga en las cosas
si las mira con ojos de piedad,
y las cosas
se prolongan en uno,
y de tal modo
es uno grande como un universo
es que hay un universo en cada uno.

¡cómo dura este viaje
de circunvalación!
¡oh!
¡cómo dura!
quizás he de morir
sin retornar al punto de partida…

De nuevo, amigo lector. ¿Cuál es tu búsqueda poética? ¿Dónde puedes encontrar el poder de la poesía? ¿Ese que te de un golpe en el plexo y te haga perder la respiración? Y cada uno de nosotros se quedará donde mejor le acomode. De nuevo leemos a Alberto Hidalgo en “neo-cirugía”:
yo tenía talento
un talento genial,
inmensurable.

y lo ponía
en mis versos
y en mi vida

mas la vida no la admiraban
y los versos no los entendían

en una mesa de operaciones
me arrojé,
provisto de bisturí
y un trozo de algodón
para limpiar posibles hemorragias
Y ME AMPUTÉ EL TALENTO,
como si hubiera sido un brazo,
el apéndice
o un sarcoma cualquiera.

desde entonces
me alimento mejor,
trabajo menos
y me quiere más de una.

mejor, – y +

“Y me amputé el talento”, nos canta Alberto Hidalgo (Arequipa, Perú, 1897 – Buenos Aires, Argentina, 1967); y acá estamos revisando la obra de Ángel Ortuño, con la disciplina de Dylan Thomas, de leer, leer, leer mucha poesía para encontrar aquellos textos que luego uno pueda volver a releer.

Y por ello nada mejor que dejar algunos ejemplos de lo que claramente me parece que está más allá del “sinsentido” que algunos fans quieren señalar sobre el trabajo de Ortuño. Quieren llamar sinsentido a la mala ejecución, quieren llamar poética sinsentido a los divertimentos tremendistas socarrones. Pero, juzgue usted, amable lector. El sonsonete y las fatídicas rimas de “Mecanismos discretos” se pierde en el prosaísmo que Ortuño aventura para los siguientes trabajos.
Del libro “1331” son los siguientes textos:

EL HIJO MENOR DEL PRIMER MINISTRO
PERSIGUE EL AMOR PURO
Dos gusanos platelmintos (del orden de los céstodos)
y
diez
ojos
de
vidrio
sobre un campo de gules.

 

LA DEMANDA EXTERNA DE LA CARNE
Según la revista
de negocios familiares
la planta madre
del complejo
se dedicó a producir policloruro
de vinilo
para mordazas.
El objetivo fundamental de esta ponencia es
conocer
las diversas formas de utilización.

 

MY LIFE AS A REAL DOLL
Ya no construyas ruinas, mejor
haz trabalenguas
con animales vivos, plantas
y maquinaria eléctrica y sus partes.

Las muñecas se pueden
personalizar completamente: raza,
pelo, ropa, expresión facial.

Pero, claro, todo esto no es barato.

 

De “Poemas swinger y otros malentendidos” leamos:
THE COPULATING COUPLE
¿Quién le brinda a la necrófila servicios
de calidad
para la formación de una cultura del uso
óptimo
de los recursos?

La policía sugiere que brincó
sobre los cadáveres (anotaron
surfeó pero eso fue
porque hablaban inglés).

Luego arrestaron a un tipo
que por la edad podría ser el padre de la joven.

En esta ocasión el informe afirmaba: “masturbador
serial”.

 

ESTRICTAMENTE PROHIBIDO BLANQUEARSE EL ANO
EN LOS LAVABOS DEL EDIFICIO
La convivencia
es un arte. Incluso
la falsificación tuvo su edad de oro.
Pero ya ni las risas
grabadas son lo que alguna vez fueron.
Hay que aclararlo ya: cada cosa en su sitio
(¿se dan cuenta que no están más alegres?
Es la perversa
tecnología digital que todo lo corrompe).
Por eso
voy al cine
a ver los letreros brillantes de NO FUME.
Yo quisiera poner uno
en la pared de mi cuarto pero las reglas
para los inquilinos son
inquebrantables.

 

LAS FORMAS ASQUEROSAS DE UN DESEO PERVERTIDO
Soné que éramos nazis y nos drogábamos
con speed (aquí va una llamada
a pie de página donde aparecerá
porque así son de súbitas las cosas
toda la información necesaria para entender el símil)
Éramos atroces todo el tiempo y muy lindos: foto-
génicos incluso porque los uniformes
nos hacían lucir bien pero en realidad éramos
monstruosos.
Rezábamos tanto que nos volvimos insensibles
a la fe tal y como se le conoce hoy en día a consecuencia
de ciertas malas traducciones de algunos autores
románticos y al hecho
de no usar ropa interior.
No hay que olvidar que estábamos a punto
de perder la guerra y con ella
nuestro luminoso futuro: nadie
querrá un patito de goma que no haga ruido.

 

Del trabajo “El amor a los santos”.
EL ALHELÍ GROSERO
Luego de descartar una serie de notas eruditas
que contextualizaban
deliciosamente
las sutiles razones y el porqué
comprar en ciertos mercados
hace miles de años o unos meses
te hundía en el oprobio mucho peor que escribir un poema
con un verso que diga siempre
serás un misterio para mí, querida!

Luego
de todo eso
no queda casi nada. Las bromas
son fugaces,
las recuerdan
—si acaso— los cantantes
que pudieron haber llegado lejos

un poco
por lo menos más allá
del pasillo de vinos y licores donde justo ahora
vocean en el sonido de la tienda
una oferta irresistible.

¿En verdad el anterior texto debió haberse cortado en verso? Todo él está escrito en prosa. Y aún así, nos regala algunas hermosas rimas poco cuidadas durante los cortes que hace a las oraciones en la que pretende darnos una idea de versificación: “Luego/ de todo eso…”; de nueva cuenta la reunión de las vocales: E-O al final, y que justo donde al autor hace otro corte —de nuevo innecesario— para dar la impresión de dos estrofas, termina en “que pudieron haber llegado lejos”: E-O; lo cual ocasiona un eco; haga el ejercicio de leerlo en voz alta. Luego-Eso-Lejos. Además de hacer notar la composición de verbo+verboide+verboide, en “pudieron haber llegado”. Sigamos revisando esos ejemplos de divertimentos tremendistas socarrones en el que es vasto el trabajo de Ortuño.
LA ADIVINACIÓN MEDIANTE EL ANÁLISIS
DE LAS ESTRÍAS DEL ANO
Compañeros, el futuro,
el destino
lo hacemos nosotros: ignorantes,
desgraciados y
desesperados que creemos en todo
lo que haya que creer.

 

EL DOGMA INCUESTIONABLE
Necesitamos arte y no creencias:
cualquiera puede hacerlo

y no lo digo yo sino sus obras,
su obsesión pedagógica:
cualquiera puede hacerlo.

El arte es una farsa. La vida
es una tómbola.
Y son contemporáneos.

Siguen luego unos versos
que no lo son (cualquiera
puede hacerlo) que recitan la cédula
(todo está en los museos):
cut-up, técnica mixta.

 

CÉLULAS EMBRIONARIAS DEL RIÑÓN HUMANO
TOMADAS DE UN BEBÉ
SELECTIVAMENTE ABORTADO
Podrían utilizar células de mono, células
de ovario de hámster chino, células
de insectos u otras células
humanas receptoras de gusto moralmente obtenidas
que expresen la proteína G

pero muchos consumidores-ciudadanos furiosos entienden
que sus refrescos, su goma
de mascar y su pasta de dientes
no serían lo que son.

Veamos, ¿quién les manda
llevar esas vidas alocadas sin temer
las
consecuencias?

Piensen en los demás. Ya no
rezonguen.
Este mundo sería un peor lugar sin los saborizantes artificiales.

 

SÍ TENEMOS UN ALMA: ESTÁ HECHA DE MILLONES
DE PEQUEÑOS ROBOTS
A Esquilo le alegraba el olor a sangre humana.
No era a Esquilo sino a las Furias
que perseguían a Orestes por matar a su madre igual
que ese adolescente adicto que asesinó a la anciana
tan linda
cuando le respondió que ya no podía estar comprando para él
solventes y estopas porque ese olor
no alegraría a Esquilo.
Dicen que por un lado del cadáver
seguía gritando cómo
iba saber su pinche madre
quién había sido
Esquilo?

 

En la obra “Turbi girl. Historias de la mamá del diablo”, del año 2015, Ortuño hace de sus divertimentos tremendistas socarrones el medio ideal. Revise usted:
¿CÓMO HA CAMBIADO TU VIDA DESPUÉS DEL PORNO?
Definitivamente ahora doy mejores mamadas [risas].
Digamos que no todo es color de rosa y que aquí
todos somos ladrones por igual.
Y, bueno, al respecto de las cosas que,
al menos por el momento,
no hago:

descubrir que mi novia era hombre, matarla, cocinarlo
(tampoco diría que soy celosa o temperamental)
o reunir firmas para que la casa del caníbal
se vuelva un restaurante vegano.

Algunos conocidos
llegaron a verme
en una película,
y cuando me preguntaron si era yo
alguien gritó
CORTE
y los sacaron a patadas
sobre todo en la cara: los dientes
volaron
—como se dice cuando un automóvil
explota y todos estamos seguros de que nadie se salvará.

Eso fue una experiencia que me enriqueció mucho.


Con el pretendido deseo de espantar a las conciencias, en el prólogo a esta obra de Ortuño, David Caleb Acevedo (Puerto Rico, 1980) señala: “Estamos ante un poemario sumamente gráfico y violento”. ¿Cuándo volvimos al siglo XIX? Solo faltó que los editores le pusieran en la portadilla: “Tú conoces, lector, este monstruo delicado, / —Hipócrita lector, —mi semejante, — ¡mi hermano!”; o que se atrevieran a poner en la primera hoja blanca, lo que se escribiera en el siglo XIV: “¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”.

Pero dentro del siglo XXI quién puede espantarse ya de lo que aparece en la literatura:
“Aquella era la primera vez en mi vida que veía un espectáculo semejante. Un hombre, un hombre grande y musculoso, un hombre hermoso, hincado a cuatro patas sobre una mesa, el culo erguido, los muslos separados, esperando. Indefenso, encogido como un perro abandonado, un animalillo suplicante, tembloroso, dispuesto a agradar a cualquier precio. Un perro hundido, que escondía el rostro, no una mujer.
Había visto decenas de mujeres en la misma postura. Me había visto a mí misma, algunas veces.
Fue entonces cuando deseé por primera vez estar allí, al otro lado de la pantalla, tocarle, escrutarle, obligarle a levantar la cara y mirarle a los ojos, limpiarle la barbilla y untarle con sus propias babas.” (Almudena Grandes, Las edades de Lulú); sólo por poner uno de miles de ejemplos que la literatura nos puede ofrecer. Por ello es la crítica de los constructos que se observan en la obra de Ortuño. ¿En verdad consideramos que los divertimentos tremendistas socarrones son la voz que la poesía mexicana necesita para estos tiempos? Con estos trabajos podrán encaminar a los lectores noveles, a aquellos que se embelesan por el anecdotario que pueda contarles el maestro, pero a la hora de leer su trabajo, éste cae por su propio peso, hasta momentos de una tristeza sublime como:
SHUT UP HIPPIE. I’M GONNA KILL A SQUIRREL JUST FOR YOU
Cállate,
hippie. Voy a matar una ardilla
y será toda para ti

Tal vez sea lo anterior una de las joyas mayores de la literatura que nos entrega, en cinco libros, el autor Ángel Ortuño.

Volvamos de nuevo a Dylan Thomas: hay que leer mucho, hay que leer todo lo que caiga en nuestras manos para poder encontrar aquellos textos que se nos permitan releerlos y dejarlos entre nuestros favoritos. Más allá de la crítica como sorna, hay que confesar los gustos culposos. Y en estos cinco libros analizados uno puede espulgar algunos textos que logran ser paladeables, que incitan una relectura cotidiana, pero hay un apartado en el trabajo “1331”, que el poeta denomina: “Animales. (Libro para niños ilustrado sin ilustraciones)” que va de la página 41 a la 53, donde me parece que el autor logra ser honesto, falto de vanidad, y claro; de lo mejor que le he leído a Ángel Ortuño. Entonces la pregunta tiene que ser: ¿Por qué el autor insiste en sus divertimentos tremendistas socarrones si puede generar tal luminosidad del lenguaje poético, tal dulzura?

CUIDADO CON EL PERRO
Yo insisto en que me gritan.
Otros dicen que ladran, pero yo
no sé qué sea eso.
Escucho que amenazan:
si te acercas, te muerdo.

 

ALEBRIJE
Yo no tengo respuestas y me parezco a todo:

corro
salto
grito
y vuelo.

Gastarías toda tu caja de colores
si quisieras hacerme un buen retrato.

(Por favor, al reverso,
escribe que no muerdo ni soy

muy venenoso.)

¡Hermosos! Ojalá el autor reflexionara en eso. Ojalá los autores recordáramos dos cosas: 1) No todos tus dramas son poesía, y 2) ¿A quién quieres asustar con tus poemas? No se necesita el tremendismo para desarrollar buenos poemas, solo hace falta tener honestidad en la escritura, reconocernos puente, filtro, para que la observación de la sociedad, nuestras múltiples miradas, hagan que desde el subconsciente colectivo mane todo hacia la hoja blanca, que logre ser aderezada con nuestra propia naturaleza, y nuestras herramientas artesano de las letras. Como ha dicho Dylan Thomas: “No me interesa de donde se extraen las imágenes de un poema; si quieren se pueden sacar del océano más recóndito del yo oculto; pero antes de llegar al papel deben atravesar todos los procesos racionales del intelecto”.
Y por supuesto que coincido.


Referencias.
-Darío Lara, Álvaro. 2009. Luis Cardoza y Aragon y la poesía hispanoamericana. La Universidad (7). pp. 169-182. ISSN 0041-8242.
-Flores, Malva. 2014. Prólogo a La culpa es por cantar.
-Herbert, Julián. 2007. Caníbal. Apuntes sobre poesía mexicana reciente.
-Pineda, Carlos. 2013. Poesía de la locura al celo. Cuatro libros vanguardistas (1923-1934).
-Thomas, Dylan. 1951. Manifiesto poético. 7 páginas.

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