Una colaboración de La Pandemia de la Desinformación.

I

En cuarentena, el viajero tuvo que romper un foco de su casa para que el chorro de luz, lo dejara salir estando dentro de su hogar.

II

El encierro podrá ser caótico y melancólico, satánico y melódico, metódico, mítico y olímpico. Podrá ser práctico y a veces pragmático, tétrico e idílico, pero lo mejor de todo es que siempre será esdrujólico.

III

El virus fue confinado en cuarentena cuando se infectó de la cura humana.

IV

Parecía interminable la cuarentena. Se llenaron de bolsas los ojos, el cabello se hizo blanco, salieron arrugas y las uñas crecieron; el andar de la sala a la cocina se hizo más lento cada día. De pronto, para moverse, la niña necesitaba un bastón, le daba mucho frío en las noches, la vista le fallaba y no escuchaba bien.

¿Cuánto tiempo llevamos? – dijo la niña

Apenas 30 días. – contestó la madre

V

A Cindel

A veces, tenía el tiempo en la mano, otras veces lo soltaba para que corriera en el verano. La vista nunca le fallaba, miraba al cielo y donde volteara el tiempo ahí se encontraba.

Cosa extraña pasó que, cuando vio al cielo un día, el tiempo ya no estaba, lo buscó y lo buscó y al tiempo no hallaba. Pero cuando a su casa llegó y preguntó, el tiempo la miró y muy seguro le contestó – Para que en un futuro me puedas apreciar, ahora en tú casa te debes de quedar.

Y entonces, ella se quedó segura de que la noticia debería de correr y al tiempo en su casa todos tenían que proteger.

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