Escribí el último verso de este poema
con las caries que le arranqué de los dientes a un psicópata.

Entonces en las yemas de mis dedos un silbido se encarnó
y la locura me consumió más allá de la miseria…

Lo siguiente que escribí; fue un grito prolongado
salido de la garganta de los condenados.

Me estremezco al recordar los insectos
que habitaban en lo más profundo de mi cerebro.

En mi cráneo; las mariposas y los paquidermos
encontraron su veneno.

En los tugurios miserables;
mi abnegación consumió mis fosas nasales
y el árbol antinatural e inhumano con el que hicieron mi ataúd…

En mis tímpanos; las horas se coagularon
y se convirtieron en gorriones cadavéricos
que alzaron su vuelo junto a un sol por las tardes.

Era hora de despertar.
Las caries estaban en mi pecho, el poema había terminado
y los dientes del psicópata me habían entregado al verdugo…

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