Estoy sentado frente al ventilador
en la primer tarde calurosa del año
que anticipa la llegada de la primavera,
y pienso en cómo es que
al tipo que vive al final de la colonia
lo desalojaron de su casa está mañana
con toda su familia y sus pertenencias
directo a la calle,
y que probablemente en este momento
a todos ellos se les debe de estar
achicharrando la piel y las ideas bajo el sol,
y que su hija pequeña
– esa que juega con mi hermana en ocasiones –
debe de estar pidiendo algo de agua
porque está sedienta
pero el pobre hombre no tiene dinero
para comprar agua ni comida
y a cada segundo que pasa
siente que va enloqueciendo más y más
porque está haciendo un calor horrendo
y su familia y sus cosas
se están cosiendo como huevos fritos
en medio de la avenida
sin lugar a dónde ir;

me paro un segundo de mi asiento
y trato de aumentar el nivel del ventilador
pero ya está al máximo,
vuelvo a la silla y pienso de nuevo en el hombre ese,
y que aunque yo tenga otros problemas y otra vida
y me encuentre tan lejos de todo ello
          aunque en realidad solo estoy a un par de casas
no significa que pueda permanecer indiferente,
de hecho todo el desastre que ocurre más allá
de estas cuatro paredes
en dónde el aire de mi ventilador no llega
taladra mi cabeza día y noche,

hay una infinidad de cosas por las cuales preocuparse:

los desahuciados en los hospitales,
la guerra inminente en Medio Oriente,
la caída del precio del petróleo,
la próxima depresión económica,
los feminicidios,
los infanticidios,
los amantes suicidándose,
hombres que salen disparados por el parabrisas de su auto
después de chocar contra algún muro porque no se pusieron
el cinturón de seguridad,
enfermedades de fácil contagio,
pandemias,
asesinatos silenciosos,
balas disparadas al aire que terminan por aterrizar
en cabezas inocentes,
microchips colocados en el cuerpo a través de vacunas,
control mental,
control social,
cabezas explotando por ondas radioactivas,
pedófilos exigiendo la aceptación de su inclinación sexual,
ángeles crucificados,
etcétera,
               etcétera,
                              etcétera,

y uno simplemente
no puede permanecer indiferente a todo ello,

aún menos
en una tarde tan calurosa
como esta.

One thought on “¿Es el infierno o por qué hace tanto calor?”

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