Itxaso Terceño: El movimiento interno de la escritura terapéutica

Para algunas personas, escribir es un acto democrático. No se necesita más que la intención de plasmar una idea en el papel. Las palabras fluyen gracias a la fuerza interna del movimiento. Los engranes de la escritura dan vida a mundos secretos que tan sólo el autor conoce. Ahí, en el anonimato del papel, hay un espacio y tiempo exclusivos que parecieran hechos a nuestra medida. A nadie le interesa el nacimiento de ideas que aún no existen ni aparecen en ningún mapa conocido. Y aún así, la liberación extiende sus alas como una gran ave Fénix. Después de tal suerte de catarsis, nuestro mundo interno ya no es el mismo. Algo se ha transformado, y es justo esa transformación un acto de rebeldía, pero también un acto democrático. Cualquiera tiene derecho sobre el acceso a la existencia de tal accionar del espíritu. Es por eso que la escritura es un ritual universal que mueve los engranes de nuestro pequeño cosmos humano. El acto de escribir, en su forma de terapia o de abismo, es el islote diverso que en este momento queremos visitar. Para ello, invitamos a Itxaso Terceño, originaria del País Vasco y experta en “Narrativa personal” y “Escritura Terapéutica”, a hablar sobre la relación entre escritura y sanación, o, entre el verbo y su impronta en la existencia cuando ella se somete libremente a la revisión del signo lingüístico. Si quieren conocer más sobre el trabajo de Itxaso Terceño, pueden contactarla en su cuenta de Instagram @integra_y_trasciende

 

1. Nos encantaría saber: ¿Cuál es tu recuerdo más temprano relacionado a la literatura?

Mi primer recuerdo es estar escribiendo cuentos, cuentos que tenían una extensión brevísima, pero que para mí contaban un mundo. Casi siempre eran cuentos que escribía y regalaba a mi mamá. Curiosamente, de niña, odiaba leer, ¡y eso que en mi casa siempre se ha leído mucho! Pero a mí me gustaba más crear: dibujar, escribir, jugar con arcilla… casi todo en solitario.
También me recuerdo, siendo algo más mayor, escribiendo cartas a personas cercanas a la familia que morían. Incluso a aquellas personas que no había conocido mucho, les escribía cartas agradeciéndoles su paso por mi vida, o por la de mis padres, y les deseaba un feliz tránsito.
Cuando conocí que eran recomendaciones propias de las terapias de duelo, no solo las cartas, sino la narrativa en sí, fue una enorme sensación de confirmación de todo aquello que yo había autoaplicado de la manera más inocente e intuitiva.
Sin embargo, lo más interesante es algo que supe hace muy poco tiempo: mi mamá me contó que cuando falleció su padre, mi abuelo, en circunstancias muy trágicas y ella se deprimió muchísimo, gestionó todo aquel duelo escribiendo. Yo era recién nacida cuando aquello ocurrió, así que ella se quedaba conmigo en casa, se ponía a escribir y me amamantaba entre cuadernos que escribía para sanarse. Creo que eso hace que para mí escribir sea como respirar.

 

2. ¿Cuál es tu formación académica y cómo es que la has enlazado con la escritura?

Yo soy trabajadora social, también tengo un Postgrado de Especialista en Mediación Familiar, algunos cursos específicos de intervención en salud mental y toxicomanías, Practitioner en PNL y estoy a punto de terminar un Máster en Terapia Sistémica, Transgeneracional y profesionalización de la consulta.
Llevo más de 12 años trabajando en el ámbito de la Exclusión Social, propiamente dicha, y alrededor de 15 tratando con personas en situación de exclusión en otros ámbitos, de manera más indirecta. Solo puedo decir que no lo elegí yo, la exclusión me eligió a mí.
Tras tantos años interviniendo he podido observar que el éxito de un cambio de vida en las personas no radica en los apoyos y los recursos que se le dedican (aunque sean innegablemente importantes), sino que la clave está en la adecuada relación que la persona establece consigo misma, su compromiso y responsabilidad para consigo y, por consiguiente, con el mundo y con su manera de estar en él. Como para mí la escritura ha sido la clave de la relación conmigo (también me eligió ella a mí), y una práctica que me ha acompañado a lo largo de vida y de procesos terapéuticos de diferente naturaleza, empecé a preguntarme cómo poder unir mis dos grandes pasiones y vocaciones: la ayuda y la escritura. Te prometo que estuve años preguntándomelo, sin respuestas, y a la vez, con una confianza plena en que un día daría con la tecla.
Pero volviendo al tema de la exclusión, que es importante, me pregunto, ¿cómo vamos a tener sociedades integradoras e inclusivas si los individuos que la componemos no somos capaces de integrar en nosotros mismos todas nuestras partes, si nos negamos a nosotros mismos incluso emociones básicas como el miedo o la tristeza? Tenemos un mundo con grandes problemas para reconocer y abrazar sus sombras, empezando, como digo, por cada individuo. Y es necesario que las personas reconozcamos nuestras partes internas, todo lo que compone nuestro mundo interior, como nuestra historia personal y familiar, así como nuestros “defectos” de carácter. Y los honremos.
Que lo que ocurre afuera es un reflejo de lo que ocurre adentro, no es únicamente una frase hecha; he comprobado en innumerables ocasiones que cuando hay equilibrio dentro, éste se manifiesta fuera sin esfuerzo. Dicho todo esto, la escritura es una herramienta más, si bien no la única, de realizar ese trabajo personal.

 

3. Compártenos tu definición de “Escritura Terapéutica”.

Para mi abrir la libreta es como abrir una puerta, una puerta de acceso al mundo interior, un universo donde habita toda nuestra experiencia existencial, nuestra parte consciente e inconsciente: pensamientos, emociones, memorias propias, transgeneracionales y colectivas, creencias, bloqueos, pero también nuestros recursos personales, nuestra abundancia, nuestro amor, la conexión con algo más elevado, con la Vida en su sentido más amplio.
Es como si la escritura fuera una especie de vehículo de acceso a ese mundo que permite “extraer” lo que necesitamos en cada momento. Es un medio, como la meditación, para conectar con verdades más profundas, para transitar también en el camino espiritual. Para mí es como un mapa, una brújula y un faro, elementos muy relacionados con el concepto de “viaje”. Es muy conocida la expresión “la vida es un viaje de retorno”. Así lo siento.

 

4. En términos generales diríamos que la función de la escritura terapéutica es la sanación. Sin embargo, ¿porqué deberíamos acercanos a este tipo de terapia?

La escritura terapéutica es mucho más que desahogarnos si estamos tristes o enfadados, esa es una minúscula parte, y sin embargo la que la mayoría conoce y practica.
Para mí, tiene tres grandes ramas, o tres grandes propósitos hacia los cuales se puede dirigir. Yo los llamo “escribir para cuidarse”, “escribir para conocerse” y “escribir para sanar”.
En cuanto a la escritura como acto de autocuidado, es un estilo de escritura que nos lleva a ocuparnos de nosotros mismos, a atendernos, a responsabilizarnos con nuestro mundo interno: gestión emocional, diálogo interno, meditación, espacio de encuentro uno mismo…
El segundo tipo, sería esa escritura con un propósito de autoexploración, más orientado a autoindagarnos a través del análisis de nuestra narrativa, de nuestro vocabulario, de la observación de nuestra reacción emocional cuando, por ejemplo, intentamos cambiar palabras en nuestro relato… Está orientada a desenredar los bloqueos y a rescatar los recursos, a conectar con verdades más elevadas y con nuestro Ser más esencial.
El tercer estilo lo relaciono con esa parte más sanadora (aunque las dos anteriores también lo sean): éste es quizás el tipo de escritura que más trabajo en los acompañamientos individuales. Sería la escritura que favorece procesos de aceptación, de duelo o despedida, de comprensión, de pacificación interna, de perdón, etc. En estos procesos de sanación, no se trabajan únicamente la escritura de dentro hacia afuera, sino también de fuera hacia adentro: en determinados momentos del proceso suelo proponer un estilo de narrativa basada en la perspectiva de los Órdenes del Amor, de Bert Hellinger, que sirve para reordenar internamente algunos desequilibrios, que son los que a menudo impiden aceptar y pacificar los conflictos relacionales o las pérdidas.
Podríamos decir que atendernos, autocuidarnos, conocernos mejor, madurar emocionalmente, estar dispuestos a superar la adversidad y a mejorar nuestras relaciones es tanto un compromiso espiritual como un acto revolucionario. ¿Hay alguien que se sienta ajeno a esas motivaciones?

 

5. ¿Cómo se entrecruza la catarsis confesional con el ejercicio de la escritura?

Escribir es un espacio de seguridad absoluta. Siempre digo que “el papel lo soporta todo”. En lo que se refiere a tu pregunta, es muy importante tener esto presente. Muchas veces nos vemos en situaciones de malestar emocional, y hasta físico, derivadas de conflictos de comunicación, de cosas que no decimos: pueden ser secretos familiares, o informaciones de otras personas que nos atañen, pueden ser aspectos nuestros que ocultamos por vergüenza, pueden ser agradecimientos que no expresamos, perdones que no pedimos, o te quieros que se quedan ahogados… Otras veces no es algo especialmente trascendente, pero no tenemos a nadie de confianza con quien compartirlo en ese momento. Para todas estas ocasiones, escribir es un recurso oxigenante y drenante.
Al escribir pueden pasar varias cosas: la más común, que nos quedemos tranquilos tras escribirlo y pierda relevancia; también puede pasar que al escribirlo nos desindentifiquemos con eso que sentimos como un gran problema y, una vez expresado, experimentemos la seguridad para decirlo en voz alta a quien corresponda; y, por supuesto, puede suceder que sigamos sintiendo que es realmente importante, pero que nos haya servido para soltar lastre y desatascarnos a nivel emocional. En cualquiera de los casos, se da, como dices, una catarsis, que es enteramente sostenida por el papel, como un gran confidente que no nos juzga.

 

6. ¿En qué sentido la escritura terapéutica supone una suerte de posibilidad de reescribirse creativamente a sí mismo?

Nuestra narrativa expresa, no lo que somos, sino lo que creemos que somos. Es importante esta diferencia. Si se disecciona ese relato, podremos observar, tal y como Eric Berne definió, el guión de vida de la persona, su posición existencial o los roles predominantes en las diferentes relaciones interpersonales, entre otros. Pero no son más que elecciones que vamos, inconscientemente, realizando desde nuestra más tierna infancia. Las prácticas narrativas nos permiten tanto conocernos en ese sentido como resignificar diferentes partes de nuestra historia y redefinirnos en relación a nosotros, a los otros, y al mundo que nos rodea.
Hay un dicho que dice “creamos lo que creemos”, y la escritura terapéutica permite realizar de manera más consciente ese proceso de reescritura y resignificación, y así, cambiar nuestra manera de vivirnos.

 

7. Por lo menos en occidente, suele pensarse que ciertos ejercicios introspectivos (la meditación por ejemplo) deben ir precedidos de una preparación particular. Para el caso de la escritura terapéutica, ¿qué preparación, qué ritual si es el caso o que disposición se requiere?

Yo suelo hacer algunas recomendaciones en cuanto a preparar el entorno: elegir un cuaderno, tipo de papel y bolígrafo que nos guste especialmente; también elegir, si es posible, un espacio que nos facilite la concentración, de silencio y soledad; podemos utilizar aromas y músicas específicas que nos induzcan determinados estados de ánimo o que nos evoquen un recuerdo, si fuera necesario.
Para tener una experiencia más catártica y profunda, por ejemplo, recomiendo “obligarnos” a hacer algunos ejercicios a los que nos resistimos (por ejemplo, una carta de perdón de cuatro líneas puede costar varios meses o años escribirla).
También me preguntan mucho sobre qué hacer con lo escrito, y suelo dar algunas ideas: puedes ritualizar un asunto, poniendo, por ejemplo, lo escrito en un altar, o quemándolo, pero quizás otras cosas tenga más sentido sencillamente tirarlas a la basura o borrarlas del ordenador.
Como digo, son únicamente recomendaciones, lo más importante es saber que todos ellos son aspectos que están al servicio del movimiento interno, pero que no son determinantes, que todo está bien, y que lo importante es que lo que hagamos, tanto antes como después de escribir, esté en coherencia con nuestro sentir, que tenga un significado para nosotros. Y una vez más, este prestarnos atención y escucharlos, favorece la relación con uno mismo.

8. ¿Cuál ha sido la anécdota más interesante en tu carrera como terapeuta y escritora?

Quizás la anécdota más curiosa no es como terapeuta, sino como trabajadora social: yo vengo de trabajar en espacios institucionales donde escribo mucho, pero es un estilo de escritura formal, muy técnica y hasta burocrática.
Cuando mis compañeras trabajadoras sociales leen mis artículos del blog o las reflexiones que hago en las redes sociales, no me reconocen. Una compañera hace poco me llegó a cuestionar si yo estaba plagiando a alguien, porque no identifica a la Itxaso trabajadora social que hace informes de diagnóstico social, con la Itxaso escritora y terapeuta, más espiritual y creativa. Me reí mucho con su comentario, y me confirma que tenemos un mundo interno muy rico que podemos manifestar en la vida de múltiples maneras.

 

9. ¿Qué consejo le darías a nuestros lectores en está época de crisis y encierro?

Que se viajen, que se transiten, que se adentren en sí mismos. Soy consciente de las infinitas dificultades que estamos pasando individual y colectivamente, pero no podemos perder de vista las infinitas oportunidades que nos brinda esta circunstancia.
Tener miedo, sufrir ansiedad, estar enfadado con el mundo, son reacciones humanas, naturales y lícitas en momentos de crisis. Recomiendo que las atiendan sin juicio, que no entren en lucha personal por sentir algo que no quieren sentir, que indaguen con qué aspectos de su historia les conectan…
Y que escriban, que dialoguen con ese enfado, con esa desconfianza, con ese miedo… que dialoguen con sus emociones, y para eso la escritura es una herramienta al alcance.

Marshiari Medina / México

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