Michel Schultheiss

Geisterhaus von Riehen 2017

¿Qué se oculta bajo la máscara de lo nuevo en la eternizada narrativa de la ciudad futura? Como una tentativa de respuesta a esta pregunta, presentamos la siguiente muestra del trabajo de Michel Schultheiss. Se trata de una serie fotográfica dedicada a las fantasmagorías arquitectónicas, cuya manifestación chispeante está contenida en la noción de abandono. No el abandono visto como la resignación obtusa ante lo incomprendido, sino como la experiencia de responder en adecuación contemplativa y precisa a las circunstancias del presente pleno. Con su registro, Schultheiss arriba a una estética de la interrupción lista para confrontar los procesos de producción artificial del tiempo/espacio que el sociometabolismo moderno nos impone.

En la selección presentada, todas las imágenes retratan sitios abandonados que, lejos de aparecer objetualizados, hablan de la pervivencia de un universo secreto, ciertamente fantástico, que habita en lugares desamparados por la incesante actividad citadina. Cada imagen de Schultheiss produce un anti-ambiente como medio para percibir la lógica dialéctica de modernidad y abandono.

En cada fotografía, hay una monada de soledades abigarradas. Al mirar en ellas, se tiene la impresión de asomarse en viejos escenarios teatrales, ya olvidados o ya visitados por almas errantes en busca de una identidad que la cara más visible de la ciudad les niega en cada recoveco.

Aquí, en estos raros y escasos rincones desahuciados de Basilea, perviven como accidentes musealizados las reverberancias de ágoras venidas a menos. Sin embargo, y a pesar de lo obvio, en cada imagen hay indicios de elementos que circundan lo utópico, lo posible, y que, por otra parte, sugieren la permanente presencia de lo inactual en la dialéctica de cada proceso urbanizador y modernizante.

En todo caso, el mensaje parece claro: el progreso es, después de todo, una fantasmagoría engañosa: aquella que en cada bocanada de novedad produce ruina sobre ruina. El trabajo de Schultheiss nos fascina como un laberinto interminable y permite que nuestra imaginación se extienda por sus ruinas más allá de lo decible, conformando nuevas geografías, constitutivamente accidentales, siempre anárquicas, ruinosas y vivaces. Como puede apreciarse, cada imagen es una entrada en el terreno de la certera maquetación fantástica de los despojos, de los restos de una totalidad que no puede ocultar su dimensión residual ni su forma de tornarse en una vida que se conjuga en torno a ella, como una red que, quizá sin quererlo, se presenta en la forma de una irónica visión de la ciudad siempre y para siempre futura.

Al final, es como si no fuera posible escapar de la conciencia de que, hasta donde el ojo alcanza a ver -y es esta una de las virtudes del lente de Michel-, la oculta decadencia es la ontología de toda modernidad, incluso en Basilea, donde también la ciudad tiene una doble naturaleza, hecha de necesidad artificiosa (progreso, modernidad) y de ambigüedad e imaginación (abandono como phantasma aristotélico).