Cindel Vergara

Cindel Vergara o el ars pictórica como epistemología de la mirada

Al contemplar las pinturas de Cindel Vergara, es posible encontrar rastros de una clave autobiográfica entre el conjunto de coloridas líneas. En sus obras, entre los trazos, posiciones y gamas tonales, encontramos el descubrimiento de un suceso grabado en los cuerpos pintados. Tal hallazgo, siguiendo a John Berger, puede ser en el terreno de lo apreciado por la vista, pero también de lo recordado e incluso de lo imaginado por la artista. En todo caso, la sugerencia es mayor e inmediata para el espectador: cada cuerpo es un enigma que se duplica, descompone o reconfigura lúdicamente ante nosotros. En todo caso, es un enigma cuyo estatuto como acontecimiento es objeto de deconstrucción, y por ello se revela como construcción e historia.

La impresión de movimiento que dan las pinturas es ineludible, parecieran estar narrándonos algo en silenciosa perseverancia, abarcando sin prisa el tiempo entero. Cada imagen está hecha de dinámicas líneas serpenteantes, desdoblamientos que son siempre mapas de experiencias y emociones, lejanas todas ellas del inmediato arrobamiento suscitado por el objeto ritual del cuerpo. En verdad hay algo más detrás, un espacio de lo visible que se oculta tras cada decisión pictórica. Quizá esta impresión se deba a que sus pinturas no solo experimentan y deliberan sobre la manera de encarar lo visible a través del estudio de los cuerpos, sino que muestran o comunican ideas y conceptos, revelando una actitud artística, y no meramente ritual, ante el acto de plasmar una impresión concreta sobre la superficie del lienzo.

¿Pero, en este último sentido, qué es lo que nos dice cada cuadro? Sabido es que se pinta y dibuja para aprender a ver, pero también para conocer las líneas maestras de aquello que se verá más adelante. En cada ilustración de Cindel Vergara, hay un acto de intervención artística cuyo espacio de concreción está más allá del papel o el blanco lienzo, colocándose en verdad en una fenomenología del propio arte de mirar. Al observar el desfile de cuerpos y ondulaciones entre las líneas de color que se multiplican por doquier, es posible intuir la experiencia de la trasmutación ontológica que deviene en el arte de ver. Probablemente, esta específica manifestación, sea más claramente comprensible planteada como una tensión permanente, cuasi aristotélica, referida al tratamiento de lo bello. Y es que, en verdad, la artista genera continuos acercamientos a su objeto, pero sin llegar a tocarlo de tal forma que todo arte sea imposible, y a la vez, sin alejarse tanto que lo pintado carezca de vehemencia y energía. De ahí la sensación de críptica inasibilidad que invade al mirar cada imagen, cada recoveco de elocuente plasticidad que emana de los trazos y pinceladas.

Como cartografías del tiempo, las imágenes de la artista se colocan en el juego de la triple dimensión histórica, pues exploran las memorias y recuerdos a través de su impacto sensible, emanado del presente por medio de lo visto aquí y ahora, prefigurando a la vez las búsquedas tanto como la manera en que se verá en el futuro. No es solo el cuerpo, en su inmediata presencia, lo que aparece ante nuestros ojos, o, en todo caso, no es el cuerpo el fetiche que hemos de apreciar entre cada una de las líneas dibujadas, sino la múltiple presencia del tiempo de la mirada que por la carne se convoca. El olvido, tal vez la renuncia y el ocultamiento, la exploración y la aceptación de lo que acaece, podrían ser algunos de los temas que trabaja la pintura de Cindel Vergara. La mónada de las emociones exploradas se entreteje con el sensual despliegue de líneas que, mágicamente, recuerdan el trazo de antediluvianos dibujos, grabados en las cuevas de los primeros tiempos del hombre. De aquí esta impresión: el cuerpo eternizándose como una mónada perenne a través de los tiempos, llave a todos los ayeres y hacia los posibles futuros, depósito de las intuiciones sobre la forma en que es posible ver en el futuro.

Las imágenes generadas por Cindel Vergara podrían ser constitutivas de una epistemología de la mirada. En el trabajo de la artista, dibujo y pintura son registros diversos acerca del acto de la mirada; el corolario estético del conjunto de las piezas es que se pinta para descubrir y conocer a través de la mano. Y en esta tarea, la artista nos recuerda que, como siempre, toda praxis de la mirada puede producir sucesos cognitivos, sensibles, acerca de la insondable constitución de la realidad, encarada aquí desde el antiquísimo delirio de los cuerpos.