Tu nariz.
Algodón de mis heridas.
Refugio de las llagas de mi beso.
Almohada perfumada entre hospitales muertos.
Sábana cálida escondiendo mi muerte.
Pañuelo que anda absorbiendo el río rojo de mis besos.

Tu risa.
Plumas escondidas por las curvas de tu beso,
Plumas sostenidas por un rojo cielo,
Plumas en que los enfermos recargan su mundo,
Plumas aguardando a pedazos tu aliento.

Tus pestañas.
Tejidas pétalo a pétalo.
Por el Dios justo que tú y yo conocemos.
Dedos negros inclinados al sueño.
Destellos que cubrieron a la primera mujer.
Pétalos. Dedos. Destellos.
Que abrieron la vida.
Que cerrarán mi muerte.

Guarda todo esto,
Algodón por algodón,
Pluma por pluma,
Pétalo a pétalo,
Verso a verso.

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