Mientras la longitud de una onda es una telaraña infinita en la red,
Mientras en el mundo actual corre salvajemente el dinero,
Mientras no vivimos la vida real, sino la tácita y virtual,
Vuelo yo en órbita y sin escafandra en una espiral,
Espiral mareante y psicodélica de poesía sideral.
Ingrávida y anestesiada para no pensar ni imaginar,
Ese dolor de mundo tengo: el que te deja avanzar,
Encapsulada en el arte que cada día salgo a buscar…
Para apartar la tristeza, desconsuelo de cuerda larga,
Cuerda larga pesadumbre, desolación y ramal.
Rauda marcho, giro y vuelo, vuelo sin gravedad,
En mundo imaginados donde tú me vienes a adorar,
Donde clavarme en tus ojos sin miedo al qué dirán,
Y orbito; y orbita este Sputnik como satélite artificial,
Dispersa los electrones de la ionosfera y el más allá,
Donde las grafías son abrazos, y son versos al rimar,
Donde este paraíso amniótico recreo para poder respirar,
Para no ser expulsados por gozar de tus encantos,
y de tus deleites hipnóticos en alborozo pecar,
Nos uniremos como habíamos soñado, como Señor y vestal,
Será un bosque imaginario, frondoso, brumoso, ideal,
Donde todo lo que nos preocupes sea sólo un beso matinal,
¡Ay! Un beso existente hecho por fin realidad,
Nuestros labios sin fuerza gravitatoria, en caída libre…
Tú, el astro que me atrae… Comienzo mi carrera espacial.

5 thoughts on “La amante satélite”

  1. Teresa es una mujer polifacética, como polifacética es también su creación literaria. Ahora nos propone un relato de allende las estrellas, ¿ciencia ficción? ¡Qué más da! Es poesía en estado puro, como ella misma, como todo lo que escribe.

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