La segunda letra del alfabeto y primera consonante. Qué problema es la “be”, que es alta, grande, larga y bilabial y nos sitúa en la íntima pronunciación del beso autárquico. Sí, nos besamos cada que vez que proferimos una palabra con “be”, entre el contacto del labio superior e inferior. Es nuestra primera práctica onanista, pues es que se sabe que los labios guardan una cantidad competente de estímulos nerviosos. No es gratuito que los las primeras palabras pronunciadas por los infantes, los imberbes, sean ruidos sin sentido, tales como “bbbbbppppp” o “bbbbaaaba”. Seductor es vibrar los labios pues, en última instancia, toda la boca es también un órgano sexual. Pero practicar esta consonante en su grado cero, es decir, desvinculada de cualquier significado totalizante, no es más que  estrechar los propios labios con labios ajenos; besar a alguien en la boca es celebrar la perfecta y redundante materialidad significante de ese excepcional fonema. Porque besar es ya de por si una palabra tautológica. Reafirma, una y otra vez, el uso material de la lengua hispana. Mientras beso hago del fenómeno del habla una aliteración instantánea sin proferir algo absoluto, no obstante en extremo significativo, y con ello confirmar la semántica del beso y su signo. Bilabial en contacto bilabial que seguido será de un -eso. El beso, el acto consumado, se despide dejando el rastro morfológico con la consonante fricativa -la “s”- en pleno suspenso. De un deseo que quizá se prolonga hacia lo trascendente o se petrifica en una apática desazón. La palabra beso, por todo eso, es brutal, quizá una de las más bellas de nuestro léxico. Por ello también la palabra bella, que dibuja tras su sonido alveolar la fugacidad de una mujer o un hombre de larga cabellera que se van, se alejan y se vuelven intangibles pues sólo queda en la memoria la fugacidad del encuentro. Gran problema representa la “be” bilabial sonora, pues se bifurca entre la bi- y la labiodental pequeña, esa gran enemiga de la ortografía, la “ve”. Ejemplos: Ve eso, vela a ella. El bello vello pubis de la bella iluminado por la vela.