La lluvia silenciosa apenas pudo contener el ruido de furia que desprendían mis pisadas cada vez que me alejaba de aquel monstruo de carne y hueso. Había estado cautivo durante días, semanas … o, puede que mi concepción del espacio tiempo hubiera nublado mi juicio y solo estuviera huyendo de mi propio fantasma, cuando decidí emprender aquella huida atravesando aquel bosque por el que tantas veces mi familia y mis amigos habían hecho innumerables batidas de búsqueda con el fin de encontrar mi cuerpo. No hacía falta que siguieran buscándome, pensé, mientras dejaba atrás toda aquella zona boscosa y divisaba el primer contacto con la civilización en lo que mi memoria apenas podía mostrarme un ligero esbozo de como solía recordarla. Ya os encontraré yo, dije hacia mis adentros, como si la gente a la que iba dirigida dicho mensaje ,pudiera sentir cada bocanada de aire que expulsaba mi cuerpo al correr hacia un gran escaparate donde la gente en su interior parecía estar ajena a mi existencia o tan solo lo disimulaban con un cierto encanto agridulce que no llegaba a comprender. Golpeé la cristalera una y otra vez pidiendo ayuda mientras gritaba con las efímeras fuerzas que me restaban, esperando a que alguien pudiera liberarme de aquel infierno que continuaba persiguiéndome sin descanso pero, incomprensiblemente, nadie hizo nada. Todos permanecieron pegados a sus pantallas digitales como si nada del exterior pudiera perturbar aquel mundo ficticio en el que podían ser quienes quisieran sin necesidad de comportarse como seres humanos. Incluso, alguno de los presentes acercó su cámara para eternizar aquellos momentos sin interés alguno en saber porqué mis manos y mi cara estaban ensangrentadas y mis ojos nadaban en un mar de lagrimas infinito. Ya daba igual. Las garras de aquel monstruo me habían atrapado nuevamente; así lo sentí, cuando algo me agarró por detrás para llevarme al mismo lugar del que había estado huyendo y del cual no volvería a salir jamás. Mientras lo hacía, recuerdo que pude arrancar de un poste una hoja al tratar de resistirme inútilmente a mi destino. Cuando la miré, me vi a mi mismo en una fotografía tomada no hacía demasiado tiempo en lo que era sin lugar a dudas una hoja informativa indicando mis rasgos físicos, donde fui visto por última vez y  preguntando si alguien sabía de mi paradero con el número correspondiente para avisar a las autoridades pertinentes. No pude evitar soltar una carcajada de histeria al pensar que quizás debía haber golpeado el cristal con ella en la mano.

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