La luz del olvido*

1

Salimos del habitáculo de RubenKu, siempre son agradables las veladas acompañado de amigos, con los cuales la charla se vuelve un cúmulo de ideas a las cuáles luego hay que dar forma. FurbiK encendió su cigarrillo de hojas de pasto molecular, que siempre carga a todos lados. Cuando viajas constantemente es difícil mantener esos gustos. Las travesías de un planeta a otro, de un sistema a otro, no son tan sencillas como todos creen. El universo es demasiado basto, la escaces es lo que abunda en realidad. Arribamos a Kratos con una carga de minerales que nos permitirían tener una moderada estabilidad por varios años. Sin embargo, uno nunca está seguro de lo que puede ocurrir al arribar a tu destino. Las guerras y pugnas por la riqueza o por la explotación de recursos, son lo que te puedes encontrar al llegar a ciertos destinos. Todos eso es los que trato de evitar a lo máximo. Cuando eres un astroaqueólogo en busca de ruinas o señales dejadas por Los Antigüos, tu mejor carta es la invisibilidad, ser un don nadie, un vagabundo viajero que no levante sospechas, al que nadie pueda rastrear, al que nadie pueda identificar. Es complicado mantener un nivel bajo y, al mismo tiempo, tratar de lograr que los habitantes hablen un poco más allá del dogma con el que han crecido en sus planetas. El trabajo hecho por Los Antigüos en cada sector del universo, por donde han transitado, es casi quirurgico. La religión se mezcla con la ficción, la ficción se mezcla con la magia, la magia se transforma en ciencia, la ciencia termina evolucionando en alquimia, la alquimia se convierte en dogma; y así una tras otra se van borrando las huellas de sus actos año luz tras año luz.

2

Conocí a RubenK y a FurbiK en un planeta llamado, de acuerdo al primer catálogo cósmico terrestre, Kepler-186f. Un sistema pequeño compuesto de otros cuatro planetas más, orbitando alrededor de una enana roja. Una verdadera rareza. Sistemas como este suelen tener una vida muy corta, estrellas moribundas que se van extinguiendo como la flama de una bengala. Rocas planetarias que se van congelando en medio del vacío interestelar hasta volverse casi invisibles. Kepler-186f no fue el caso. Aún rebosaba de vida. Y la vida había evolucionado en él prácticamente igual a como lo hizo en la Tierra. La raza de humanos dominantes era idénticos a nosotros, salvo uno que otro proceso metabólico que variaba ligeramente, pero que era posible reajustar con ingeniería genética. Sin embargo, su tecnología no se había desarrollado lo suficiente como para que alguien pensara que existía vida en algún otro punto del universo. El dogma inculcado por Los Antigüos se había encargado de ello. Era un planeta cómodo, eran razas pacíficas, no necesitaban saber de la existencia de nadie más, eran en cierta medida felices. Mucho menos necesitaban salir de su mundo perfecto. Aún recuerdo la noche en que tuve que contarles la verdad y confesarles que yo no pertenecía a su raza, ni a su planeta. Que había llegado de un mundo tan lejano como 500 años luz de distancia. Y que estaba ahí buscando rastros en su historia y en su dogma de eso que ellos también llamaban dioses. Como he dicho, rastear a esa raza llamada Los Antigüos es un trabajo quirúrgico através del universo, existen demasiados mitos que ellos mismos se encargaron de ir confundiendo con la verdad. En este mundo a nadie le preocupaba ni le interesaba saber de dónde habían venido esos dioses (eso complicaba más mi misión). No había ovnis visitándolos desde la antigüedad, secuestrando ciudadanos o animales para estudiarlos o circulando por su firmamento tratando de que nadie los percibiera. No había gobiernos ni multinacionales ocultando, como en la Tierra en su momento, una verdad que era más que evidente: No Estamos Solos en el Universo. Aquella noche caminábamos los tres igual que hoy, las noches en Kepler-186f suelen tener un tinte rojizo, la baja luminosidad espectral de su estrella hace que el firmamento parezca líquido. Como si el cielo estuviera hecho de vino tinto, un tinto magro de aquella provincia llamada Rioja. Igual que hoy FurbiK encendió su cigarrilo, en Kepler-186f el pasto molecular es abundante, él tenía un expendio donde los fumadores acudían a curarlo y fumarlo por las tardes luego de salir de sus actividades en las minas, era una de las actividades de recreo más populares en este lugar. Nos sentamos los tres al pie de una ruina vieja, restos de algo que semejaba una de aquellas pirámides hechas en la Tierra por una cultura llamada Azteca. Derruida por el paso del tiempo, pero de la que aún se podían vislumbrar partes de la estructura. La noche era muy clara, poca brillantez de las luces de la ciudad cercana. Nos acostamos a mirar las formas que se dibujaban en los grupos de estrellas que podíamos ver. El firmamento cobijado bajo las formas del Cisne hizo que comenzara a tener nostalgia de aquellos días en que, de niño, me acostaba de igual manera a ver las cosntelaciones desde la Tierra, imaginando qué podría haber más allá. FurbiK daba bocanadas largas y profundas. RubenK contaba historias cómicas y empezó a tiritar con el aire helado que empezaba a sentirse. De repente se quedó callado, alzó un brazo señalando algo en el cielo y dijo asombrado: “¿qué es eso?”. Se levantó de un salto mientras seguía con el índice la trayectoria de algo que parecía una estrella, pero que se movía a lo largo del firmamento en una trayectoria fija. FurbiK soltó de golpe el humo atragantándose y se levantó de igual manera. Ambos estaban absortos. De repente no era una, eran dos de esas luces móviles las que se veían, una dirección norte/sur, la otra cruzaba desde el oriente y de pronto hizo un giro brusco en espiral y desapareció en un destello. Ninguno de los dos daba crédito a lo que veíamos. “¡Mira, mira, allá se ve otra!, pero esa tiene un color distinto, ¿qué demonios es eso?, eso no son estrellas”, gritó FurbiK histérico. Así permanecimos largo rato observando el cielo en busca de esas luces que no eran normales. Esa noche contamos diez de ella, diferentes tamaños, diferentes direcciones, algunas un poco difusas, algunas muy brillantes y con resplandores que parecían arcoiris. Yo tuve que callar y mostrar sorpresa igual que ellos.

3

Algunos meses luego de aquel avistamiento, sus dudas se disiparon cuando tuve qué decirles la verdad de lo que habían visto. Ya era inminente, las naves de la avanzada del ejército colonizador de la Tierra habían llegado al sistema Kepler-186, en busca de nuevos planetas para explotar recursos. La invasión de ese pacífico planeta donde había encontrado un par de grandes amigos me obligó a sacarlos de ahí. Las llamas y las explosiones brillaban por toda la superficie. Dolía ver aquel resplandor en el planeta y la luz de su estrella extinguirse. Las naves del ejército terrestres hacían lo que mejor sabían hacer desde hace eones: destruir planetas y erradicar cualquier otra forma de vida y cultura que encontraran a su paso.

* Publicado en: Nebulosa Planetaria: NGC 2818, Planeta: Kratos, Era: Año de Redundancia Cósmica 701025 /Devon Kentao/20200113.2147/

Devon Kentao / México

4 thoughts on “La luz del olvido*

  1. Muy bueno hermano, felicidades por la publicación, el estilo es muy bueno.
    Tu universo interno se sigue expandiendo a velocidades enormes y este relato es una prueba de ello y de tus conexiones con este planeta.
    … Esos seres antiguos parece que no sólo han dejado rastro en la tierra. Por favor síguelos rastreando a través del cosmos.

    1. Gracias compañero, es el intento, el rastreo de esas entidades misteriosas no se nos escapará y quedará plasmado en esos cuentos… Aún necesito desarrollar y expandir más todos los demás lugares por donde han pasado, pero ahí vamos, ahí vamos, la epopeya apenas comienza…!!! Brindemos pronto por ello y sigamos viajando a los confines de lo imposible…

      Gracias por el comentario…

    1. Gracias Vanessa, qué bueno que te haya gustado… Ahí vamos poco a poco sacando toda la madeja que permanece aún almcenada en partes de la subconciencia que precede a cada viaje, es complicado a veces porque se mezcla todo entre lo que es real y lo que parece no serlo, pero ya estaremos compartiendo más historias para que se siga develando… saludos…

      Gracias por tu comentario…

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