La mujer del puente

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Cuento seleccionado en la convocatoria “Todos somos Teresa”

“Ama hasta que te duela. Si te duele…es buena señal”
Madre Teresa de Calcuta

Era mi primer día de trabajo. Para transportarme tenía un paradero obligado. Justo al final de un puente por donde pasaba un caño de aguas negras. El bus demoraba y el temor de llegar tarde me angustiaba. Sudaba mucho. No sé si por el calor de la mañana canicular o por la preocupación.

Lo cierto es que a la angustia por la demora del bus, se le unió la sensación que sentí al girar la cabeza y notar que desde la parte de abajo del puente me estaban mirando dos ojos. Una mirada insistente y penetrante que logró perturbarme mucho. Quise esquivar la mirada pero era como un imán que me impulsaba a buscarlos. El rostro de una mujer maltratada por la pobreza, el sol, la lluvia, y quien sabe que más.

La salvación ante esa mirada insistente fue la llegada del bus que debía tomar para llegar al trabajo.

Regresé a mi casa sin ganas de comer. Mi hermana se percató de la intranquilidad que tenía.
Se me acercó como de costumbre y me miró fijamente a los ojos.
– ¿Qué está pasando? – Me pregunté internamente.

La mirada de mi hermana me regresó a la parada, a los dos ojos. A la mujer del puente.
– ¿Qué te pasa? – Me cuestionó con voz firme.

No le respondí. Di la espalada y entré a mi cuarto. No pude conciliar el sueño en toda la noche. No me atrevía a abrir los ojos porque me encontraba con los de la mujer del puente.

Los días siguientes fueron iguales al llegar a la parada del bus. Ella permanecía allí en el rinconcito debajo del puente, esperando a que yo llegara y mirarme como de costumbre.

Empecé a notar un cambio en sus ojos. Ya no eran tan penetrantes. Sentía como si me hablaran en la distancia. Me atraía cada día más su mirada. Un día tomé la decisión de compartir mi almuerzo con ella. El cual me lo preparaba mi hermana todas las mañanas.

Me lo aceptó, y continué llevándoselo sin que ella me dijera palabra alguna.
Mi hermana seguía cuestionándome sobre mi cambio.
– ¿Estás enamorado? Empezaste a trabajar y ya conseguiste novia.- Me preguntaba con cierto tono de reclamo.


La senté frente a mí y le expliqué todo lo que me había sucedido desde el primer día que había llegado al paradero. En la medida que le hablaba, y le miraba los ojos, sentía como si estuviese hablando con la mujer del puente.
Veía en mi hermana el rostro de la mujer. Era como ver a mi hermana en un retrato deteriorado por el tiempo, el sol la humedad y el hambre.

Ella me escuchaba con mucha atención y conmovida por todo lo que le contaba.
– Teresita busca la carta de mamá que tienes guardada.-

Entró a su cuarto y regresó con la carta que protegía con un plástico transparente y resistente al deterioro. La empezamos a leer por segunda vez. Estaba escrita a manuscrito con una letra de caligrafía que parecía como si hubiese sido dibujada.

“Hijos.
Les pido perdón por la decisión que voy a tomar de abandonarlos.
No me queda otra salida. Me equivoqué en esta vida. Desde que murió su papá me refugié en otro hombre que me acogió en sus brazos.
El vivía en un mundo oscuro y sin darme cuenta también caí en él. Tanto que perdí mi trabajo de secretaria.
Espero que sean una personas de bien y júntense con gente buena como ustedes.
El Dios de todos los acompañe por siempre.
Atte.
Teresa “

Lloramos como nunca, recordando a nuestra madre. Estando niños, ella nos dejó con una tía que no perdía la oportunidad para decirnos: – Teresa fue una mala mujer. Abandonarlos por ese drogadicto. –

Entre lágrimas nos quedamos dormidos con el compromiso de ir los dos a visitar a la mujer del puente. Nos levantamos temprano y nos dirigimos a la parada del puente. No estaba en el lugar de costumbre. Uno de los indigentes que a veces estaba junto a ella se me acercó y me entregó una bolsita con un papel dentro. No quisimos leerlo hasta llegar a la casa. . Estaba escrita a manuscrito con una letra de caligrafía que parecía como si hubiese sido pintada:

“Hijo.
Te amo mucho. Un beso a tu hermana”.

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