La rutina

Hoy me desperté tras el sueño más profundo y reparador que desde hace mucho no había podido disfrutar. Vi el reloj y me di cuenta de que se me había hecho tarde. En un salto me levanté de la cama. Tomé un vaso de leche, me puse el uniforme, me recogí el cabello enmarañado con una pinza y salí corriendo apresurada.

Cuando iba rumbo a la parada de la pecera, vi el autobús pasar. Regresé resignada porque el camión tarda hasta una hora en regresar.

Mi vecina, doña Carmela, se encontraba barriendo la calle. Cuando me vio pasar preguntó.

— ¿A donde vas tan temprano?

— ¿Tan temprano? No, de hecho… se me hizo tarde.

— ¿Hoy también tienes clases? — preguntó con ingenuidad.

— ¡Claro que sí! — respondí molesta.

— No sabía que también tenías clases los sábados — dijo asombrada.

Al escuchar sus palabras comprendí que me había apresurado en vano.

—Usted tiene razón, hoy no es día de clases.

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