La ventana del tren

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Cuento seleccionado en la convocatoria “Todos Somos Teresa”

Teresa miraba por la ventana, siempre miraba por la ventana cuando viajaba en el tren. Siempre viajaba en el tren para ver a su abuela, su abuela siempre le pedía que viajara en el tren y que mirara por la ventana y ella, consciente del pedido de su abuela, siempre miraba por la ventana cuando viajaba en el tren que la llevaba a visitarla. El tren recorría los valles sobre una larga carrilera oxidada que había sido construida en los tiempos de la gran guerra. Su abuela, siendo niña, había recorrido aquellos valles con los pies descalzos y el alma libre, mucho antes de las bombas, las trincheras y los muertos. Teresa sabía poco de la guerra y nunca había recorrido los valles, pero sentía que el alma se desprendía de su cuerpo cuando los rieles arrastraban su destino por la inmensidad de aquellas planicies. Las planicies habían sido el escenario de intensas batallas y en sus verdes campos miles de hombres habían extinguido su vida en el resplandor del fuego enemigo. Su abuela le pedía que mirara por la ventana y ella, ajena a la brutalidad de la guerra, observaba los frondosos campos donde décadas atrás la muerte había recogido tantos frutos. Aquella ventana, en la que contemplaba sin cesar los verdes campos que se alzaban hasta el horizonte infinito, enlazaba el presente de Teresa y los recuerdos de su abuela en una conexión mística de colores y formas que la niña le describía con asombrosos detalles. Las flores violetas que crecían cerca de los rieles, los árboles solitarios que se alzaban imponentes en medio de los pastizales, las montañas azules que se divisaban a lo lejos cuando el día se adornaba de un cielo transparente y el arcoíris que acompañaba el viaje de principio a fin, hacían parte de la narración minuciosa que Teresa le compartía a su abuela con entusiasmo cada vez que descendía del tren. Sentada en una vieja silla mecedora la anciana escuchaba con atención y mientras la pequeña se desbordaba en los pormenores del presente, se transportaba en un viaje mental hasta los días en que era una niña y caminaba por aquellas singulares tierras. Muchos años atrás, la guerra le había arrancado los ojos y la guerra misma había hecho de los campos su último recuerdo. Teresa, miraba cada vez por la ventana del tren para llevarle a su abuela el recuerdo vívido de los verdes valles y su abuela vivía nuevamente sus mejores días en los detalles que Teresa traía consigo cada vez que miraba por la ventana del tren.

1 comentario

  1. Interesante el formato del cuento. Me vi a misma mirando por la ventana el paisaje natural de algún viaje del pasado. Felicitaciones Luis

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