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Eran las tres de la mañana y el agente Reinaldo Herrericario mejor conocido como <<El Robocop>> sudaba a mares, aunque el desierto estaba a dos grados. Corría al frente de su pelotón luego de arribar al lugar acordado, por el radio de los agentes especiales se escuchó la siguiente confirmación.

—Acá el escuadrón Robocop, Ziper al habla, acabamos arribo en el ochenta punto nueve dos de la cuarenta y nueve de la JT, estamos a cuarenta segundos aproximadamente del punto objetivo a la velocidad de desplazamiento actual, GPS en línea. ¿Me confirman señal?

—Acá Halcón galáctico, confirmado GPS y desplazamiento. Continúen en dirección ¿Llevan las profanadoras?

—Confirmado, vector. Confirmo cargamento de exhumación. Fuera, siguiente señal al arribar al pozo y ultima cuando necesitemos a Chip y Dale al rescate.

En lenguaje coloquial los agentes del grupo de reconocimiento habían confirmado que llegaron al punto acordado en el kilómetro ochenta y nueve de la carretera Jiménez Torreón, que procedían a pie y cargaban consigo algunas palas para desenterrar algunos cadáveres presuntamente de alguna fosa clandestina y que cuando dieran con él o los cuerpos avisarían al equipo de peritos para que terminen de excavar la fosa y proceder al reconocimiento de cuerpos que en ese lugar era bastante común. Muchos la llaman la zona del silencio porque creen que no se escuchan las frecuencias de radio en ella, otros más porque dicen que un cohete americano calló en la zona con material radioactivo y por ello no hay vida. Para los agentes, es así por la cantidad de cadáveres que se encuentran ahí, dicen que ahí nadie habla.

Los agentes continuaron su marcha a paso firme sin vacilar, casi corrían en posición de sigilo. Apenas eran visibles. Sus sombras se fundían con sus trajes negros de operaciones y las sombras de los pequeños matorrales. Todos iban armados, el equipo de fuerza llevaba palas en sus espaldas, el que más sobresalía era Robocop con su uno ochenta y cinco de estatura y sus ciento veinte kilos de músculo.

Llegaron a un montículo de tierra que claramente contrastaba con el paisaje y parecía haber sido removido recientemente, era largo de aproximadamente cuatro metros y por apenas un metro de ancho. No había huellas de vehículos ni pisadas de zapatos, salvo algunas huellas de garras al rededor, como si los coyotes de los alrededores hubieran ido a oler la tierra. Primera señal que habían dado con el lugar correcto.

—Tigro, Pantro, Monterrey, Ziper, procedan — ordenó Robocop y señaló un pequeño montículo de tierra.

—Cheetara, Sayaka y Candi, ya saben norte, sur y este. ¡Vamos gente! —dijo con un tono moderado de voz. El equipo de fuerza comenzó a excavar repartidos a lo largo del montículo y el equipo de siguió tomó sus posiciones a algunos metros de distancia a ras de suelo, de manera que cubrieran las cuatro direcciones, él cubriría como siempre el punto de mayor probabilidad de ataque, en este caso el oeste hacia donde estaba la carretera.

Pasaron cerca de tres minutos desde que comenzaron a excavar cuando el ruido de las paladas de tierra fue interrumpido por Monterrey. — ¡Hey, Robocop encontré el primero! — Seguido de un grito que rompió por completo el silencio del lugar — ¡No mames, ven a ver esto! — gritó Monterrey y la luz de su linterna se encendió. Eso era confirmación que la operación dejaba de estar invisible y se cambiaba al modo exploración y aviso.

—Acá Robocop, confirmo operación. Hay momia, traigan al resto, ya acabamos por acá— confirmaban por radio cuando fue interrumpido por Monterrey que le tocaba el hombro. Robocop casi le da un golpe con el codo al voltear a verlo, Monterrey ya estaba en posición de guardia a pesar de su evidente sobrepeso. El resto del equipo estaba dejando el lugar.

—Ven, antes que ellos lleguen, tienes que verlo.

— ¿Tan importante es?

—Sí.

Ambos se acercaron al sitio de la excavación, Monterrey iluminó el sitio con su lámpara. Enterrado a medias en la fosa, el cadáver de un grillo gigante del tamaño de un perro era visible. Robocop se agachó a remover los restos de tierra para ver todo el cadáver.

—Esto es malo.

—Acá Robocop, Halcón galáctico, tenemos un Pepe grillo contra Odi, cancela plan exhumación, repito no hay momia, hay chapulín.

—No me chinges Robocop, esto es malo. ¿Hay un Odi vivo?

—Negativo, es peor. Parece que todos son Pepes y aÚn son chapulines, al menos el que Monterrey sacó.

—¡Carajo! ¡Resuélvelo!

Robocop volteo a ver fijamente a Monterrey — Compadre, tiene usted de dos: O va corriendo y nos trae a esos Odis; o nos carga la chingada a todos en este lugar.

—¿Me puedo llevar a Cheetara?

—Sí, llévala y no vuelvan sin los colmillos en la mano, las huellas están frescas, ¡síguelas! Nadie vendrá.

Monterrey se cuadró y saludó a Robocop, luego alzó ambas manos, cruzó los dedos pulgares e hizo una señal de mariposas volando hacia Cheetara, ella entendió y juntos se internaron en el desierto. Cuando ya habían escapado de la vista de todos, se quitaron sus chalecos antibalas, la camisa y desplegaron unas alas transparentes rojizas. Alzaron el vuelo y desaparecieron rápidamente.

Toda la unidad ya estaba en la parte trasera del camión. Zipper le preguntó a Robocop por Monterrey y Cheetara, él se limitó a contestar. —Están enterrando todo de nuevo, no hay nada que ver ahí— Ziper, como buen soldado se limitó a aceptar la respuesta.

Luego de una hora, Monterrey y Cheetara regresaron al vehículo, iban ensangrentados, era evidente que no era su sangre. Monterrey metió la mano a un bolsillo de su chaleco y le entregó a Robocop seis colmillos.

—Problema resuelto – dijo Monterrey en voz baja, casi inaudible para cualquier ser humano, más no para Robocop y Cheetara.

—¿Averiguaste lo que querían?

—Sí, estaban peleando por comida. La fosa fue encontrada primero por nuestros hermanos, había mucha comida humana. Pero esos perros tenían hambre, esperaron a que los adultos estuvieran llenos y pesados, los atacaron y se los comieron, como se llenaron ya no se comieron a los niños y los dejaron enterrados, eran lentos, así que Cheetara y yo no tuvimos problema en atacar desde arriba.

—Alguien más los vio.

—No, Robocop.

—¿Los cuerpos?

—Los disolvimos con nuestra saliva.

—Bien, vámonos.

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