La fronda

En el más recóndito de los rincones de la selva, se encontraba a lo que llamaban la fronda negra. Un lugar donde las hojas goteaban de grasa negra. Un lugar que había sido experimentado por los médicos de la tribu y en donde se había descubierto que la gasa servía para cicatrizar a algunos, pero en cambio otros sentían tal ardor que era imposible untárselos, de hecho les quemaba la piel y la situación se volvía peor.

Los médicos optaron por rebajarlo con un tipo de aceite que parecía compatible y lo aplicaban punto por punto para medir si la grasa sería compatible.

Analizaron un caso y otro sin poder encontrar una razón de cuál era la diferencia.

Mientras Cabizbajo caminaba en la llanura pensó que la planta era para curar a los que le sirvieran a la selva y sostuvo la convicción de que era una situación moral.

Asunto que los médicos no podían tomar como punto de partida de primera instancia, pues de esa manera no habría conocimiento; pero lo tomaron en cuenta analizando la forma de ser de los sometidos a tal procedimiento.

Concientizando que era cierto en la mayoría de los casos.

Había excepciones de los dos lados, lo que indicaría según la hipótesis de Cabizbajo que el error de los buenos era ser cabizbajos, y el acierto de los malos era tener un propósito en el equilibrio.

Cabizbajo llegó a donde se reunían los médicos, presentando una especial ofrenda de plumas, piedras, copal, pulque; esperando que los médicos escucharan su hipótesis.

El médico mayor mencionó:

–Ya lo habíamos pensado.

–Y lo van a utilizar como una medida de detección –dijo Cabizbajo.

–Cuál es el sentido de que alguien malo tenga una misión –mencionó uno.

–Por equilibrio.

–¿Y si se vuelven más?

–Creo que deben de observar con más meticulosidad.

–Entonces vamos a necesitar a un médico nuevo porque no nos damos abasto.

–Prometo buscar al adecuado.

–Mientras lo encuentras vas a tener que cubrir ese papel.

De regreso por la llanura Cabizbajo volteó a ver al cielo.

En el río estaba Huiztla, lavando la ropa con su tabla diagonal, mientras los pechos no dejaban de estar en los ojos de Cabizbajo.

Pensó en olvidarlo, en seguir, en seguir que las cosas pasaran.

Pensó que era la primera vez, que volteaba a ver al cielo estando en posición erecta.

Y pensó en la idea de que podía ser el último día de su vida; que unas palabras podían ser más que eso pero también se podría abrir un abanico.

Lo primero que le vino a la mente fue:

–Hola, buen día, disculpe pero me preguntaba…

–Buen día, no te sientas incómodo <<dime>>

–Quizá sea una tontería pero quisiera aprender a lavar ropa.

–Los hombres que pasan por aquí no te verán bien lavando ropa.

–No importa es precisamente lo que busco –además de lavar ropa— quiero ver cómo reacciona la gente.

–Para qué quieres saberlo si el resultado es muy claro –mencionó Huiztle–, te van a dar una paliza por marica.

–¿Y si nos vamos más adentrito del río?

–Estás de suerte –dijo Huiztle— explicándole que precisamente ahora tenía un problema de dinero.

Al otro día se vieron y ella le preguntó:

–¿Entonces dónde quedó lo de que investigarás qué piensa un hombre acerca de que un hombre lave su ropa?

–Creo que sólo me perreras, pero pues yo voy a ir por el dinero.

Cabizbajo aprendió a lavar ropa, se situaban en un punto en donde alcanzaban a ver a los hombres que pasaban sin que ellos los alcanzaran a ver.

Más tarde que primero, los hombres se enteraron que Huiztle ahora lavaba más hacia adentro del río.

Así es que los encontraron y se burlaron de él.

Como decía el presagio, ya entrada la tarde le dieron unos puñetazos un trio de borrachos de los que se ponen afuera de la pulquería.

El decidió seguir yendo a las clases aunque casi siempre tenía problemas para hacer las cosas bien por sus maltratos.

Los médicos probaron la grasa con aceite con él al punto de que la recibió muy bien.

Era como reconstruirse.

Todos los días lo golpeaban.

Y nomás se embadurnaba de la grasa pura y su cuerpo volvía a estar como nuevo.

Huiztle le preguntó <<por qué te reconstituyes tan rápido>>

–He encontrando la fronda negra. En donde todo lo que tiene misión tiene cura.

Ella pensó en su abuela que estaba en lecho de convalecencia y pidió darle para ella.

Eso es algo que deben de hacer los médicos.

–Ruégales con una ofrenda de plumas, piedras, copal, pulque; que atiendan a mi abuela.

Cabizbajo le dijo:

–Yo soy médico.

No sé por qué Huiztle le comenzó a golpear el pecho, reclamándole de no haberlo dicho antes.

Hasta que él comenzó a detener su ataque hasta que terminaron en un ataque de risa que le dio lugar no sé cómo: al primer beso.

A partir de entonces se sometió la abuela a convertirse en una sonrisa en gato.

La grasa había hecho algo que no había sucedido según yo.

Había una vertiente, qué pasaría con la gente de conocimiento.

Pues cual flauta comenzaron a llevar a las liebres carroñeras de todos lados y nadie sabía por qué.

¿Será que la risa del gato no podía soportar la idea de que un cabizbajo fuera el problema.

Aunque lo fuera.

Las liebres se comportaban de una manera muy extraña porque no tomaban el tea a las cinco sino a las once. Y comprendieron muy claro que el beso era un final de entretenimiento.

La sonrisa del gato nunca se imaginó que el final feliz había sido algo fortuito, así es que decidió que el tea se debía de tomar a las cinco y que no había ninguna razón para qué alguien fuera feliz si no se volvía sonrisa de gato o tea de liebre.

Los médicos estaban muy atentos de la congregación de liebres que era la sonrisa del gato y buscaron la manera de llevarlos a la zona frondosa para saber qué podían utilizar al respecto.

La liebre mayor que sabía más que la sonrisa dijo que estaba dispuesto a tomar tea de planta frondosa.

Después de tres días lo tomó y dijo que era buena, matara a quien matara.

Huiztle no estaba de acuerdo, ella pensaba que había que darle oportunidad al equilibrio porque de lo contrario no se liberaría la maldad.

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