Lísteia

Karan y Pancras son primos que crecieron juntos en un pequeño pueblo en la cercanía de la gran Atenas. Pancras se mudó con la familia de Karan cuando sus padres habían sido asesinados teniendo él apenas ocho años. Ambos tenían la misma edad así que el llevarse bien no fue una tarea demasiado complicada.

Los años pasaron sobre ellos y se volvieron amigos inseparables. Los dos tenían un espíritu explorador que los arrojaba a distintas andanzas, siendo en todas y cada una de ellas Karan el líder, quién resolvía los problemas, mientras que el aporte de Pancras solía ser más la fuerza, pero más que haber algún complejo de inferioridad por parte de Pancras, o una actitud soberbia proveniente de Karan, los dos sabían combinar en el punto exacto sus habilidades para que ante los ojos de los demás ninguno destacara más que el otro.

Se esparció la noticia de la llegada de un monstruo proveniente de lejanas tierras del sur, sembraba el terror y tomaba vidas de manera indiscriminada. Su correría lo llevó a internarse en el territorio griego, dejando cualquier ciudad que visitaba convertida en ruinas, incluso Esparta, cuna de los mejores guerreros, luego de una ardua lucha terminó sucumbiendo ante su poder.

Siendo como un mal designio del destino, el monstruo comenzó a tomar rumbo hacia Atenas. En su desesperación, los pobladores de las ciudades que aún se mantenían intactas clamaron a los dioses por ayuda, pero lamentablemente en esa época su poderío se hallaba ya en declive y todos los grandiosos héroes ya no existían.

En un último intento de motivar a la humanidad, los dioses proclamaron que le otorgarían a quien venciera al monstruo “la última consagración de los héroes” lo que les permitiría acceder a la gloria y fama eternas, así como la bendición del olimpo.

Pancras escuchó esto y en su pecho ardió el deseo de lograr la magnífica hazaña de derrotar al monstruo, así como el de recibir la recompensa divina. Sin tardar mucho fue con Karan para contarle su ambición, él sabía que solo tendría una posibilidad de éxito si lo hacían juntos. Al oír lo que Pancras quería hacer, Karan no compartió su ánimo de manera inmediata, pero luego de una sesión de convencimiento, el muchacho terminó aceptando.

No partieron de inmediato, puesto que Karan no quería ir al encuentro con ese ser sin tener algo de información de antemano, esto impaciento un poco a Pancras, a quien le preocupaba que en su demora alguien más les robara la gloria.

Pasaron dos semanas y Karan le dijo a su primo que ya podían partir, que sabía cómo detener al monstruo. A causa de su apremio Pancras se dio por bien servido y no cuestionó ni dijo más poniéndose así en marcha.

Viajaron aproximadamente una semana hasta llegar al istmo de Corinto, donde, según los rumores, era donde se hallaba el monstruo.

Decidieron acampar una noche antes para así pelear con la plenitud de sus fuerzas, bien sabían que no les convenía ir ni con la más mínima pizca de cansancio, por que como ya se dijo, si bien Karan no era un debilucho, su fuerza no destacaba por sobre el promedio, y aunque Pancras estaba en la cúspide de fuerza y agilidad, dichos atributos seguían siendo los de un humano, ni siquiera ellos sabían si un semidios tendría oportunidad.

Encendieron una hoguera, extendieron cada uno un rollo de piel curtida que usaban a modo de cama, previo a dormir decidieron cenar, prepararon porciones de carne que asaron haciendo uso de la fogata que los iluminaba.

—Tengo algo especial para beber, además de que nos ayudará a dormir más relajados. — Pancras sacó de su alforja un recipiente cilíndrico, sacó el tapón y Karan pudo percibir de inmediato el olor inconfundible del vino.

—No lo sé, ¿Crees que es buena idea embriagarnos antes de la labor tan importante de mañana? — Pancras hizo caso omiso a la muy cauta cuestión mientras le ofrecía un pequeño cuenco lleno hasta la mitad de la bebida alcohólica.

—Completamente— Contestó Pancras— Creo que hasta es necesario, no nos hagamos tontos Karan, tú y yo sabemos que nuestras posibilidades son pocas, no podemos equivocarnos o moriremos en el intento, y peor aún, completamente humillados, eso me provoca mucha tensión y no estoy seguro de poder dormir con todo eso en mente, entonces creo que sí necesitamos esto. Pero no te preocupes no es un licor muy fuerte y tampoco beberemos tanto, solo un cuenco bastará.

Karan le aceptó el cuenco, miró el contenido por varios segundos y le dio una olfateada, contrariamente a lo que le pareció al principio, el olor no era tan fuerte, lo que ayudo a convencerle. Dejó las vacilaciones de lado y se bebió el vino con tranquilidad.

—Había olvidado preguntártelo, ¿Cuál es la debilidad de ese monstruo?, antes de marcharnos de casa dijiste que ya sabías cual era. — Pancras se también sirvió vino en su cuenco y a diferencia de su primo, se lo bebió rápidamente.

—Oh, eso. — Karan se relamió los labios ante el buen sabor del vino y le dedico una mirada al cuenco vacío mientras contestaba. — Es la música.

—¿La música?, ¿Es enserio? — Pancras miró con recelo a su primo, pues le parecía que le estaba jugando una broma.

—Claro. — Aseguro Karan quien ya comenzaba a sentir sueño—Investigué en la biblioteca de Atenas y descubrí que este monstruo pertenece a un linaje de creaturas que habitaron el tártaro antes de que Crono liberará a muchos monstruos ahí encerrados para luchar contra su padre Urano, una vez lo venció, traicionó a sus aliados y volvió a encerrarlos, salvo a este que logró escapar y se había mantenido oculto hasta nuestros días, al parecer espero que tanto dioses como héroes menguaran para poder escapar y hacer de las suyas, yendo más a fondo, en pergaminos antiguos leí que una de las maneras que los sirvientes de Cronos tenían para detener a los de esta especie era por medio de la música de lira.

—Eso explica la lira que traes contigo. — Creí que solo la traías para divertirte.

—En parte eso es cierto. — Karan dio unos leves rasgueos a las cuerdas haciéndolas sonar suavemente. — Pero es en gran parte para la misión. — Concluyó entre risas.

Pancras también soltó unas pequeñas carcajadas y finalmente bostezó. — Parece que el vino ya está haciendo efecto, vamos a dormir ya, mañana nos aguarda la gloria y la última bendición del olimpo. — Luego de hablar el muchacho miró a su primo y lo vio profundamente dormido, dio otro bostezo y se dispuso a descansar también.

Los rayos del sol golpearon el rostro de Karan haciéndolo despertar, se sobresaltó y creyó que habían dormido más de la cuenta. Así había sido, aunque solo en su caso, ya que cuando se giró con la intención de despertar a Pancras vio que este ya no estaba, su cama improvisada seguía ahí, al igual que su alforja, pero su espada no. Karan no necesito mucho tiempo para deducir lo que había pasado, busco el cuenco donde Pancras le había servido el vino y lo olfateo con más concentración, se regañó a si mismo por no haberlo notado antes; aparte del olor de las uvas, muy, muy en el fondo podía detectarse el olor a una fina hierba muy usada como medicamento contra el insomnio, seguramente Pancras había molido una porción de esa hierba con antelación y espero al momento preciso para dársela. Su primo lo había traicionado, planeaba vencer al monstruo solo para obtener todo el crédito para él.

El muchacho no tuvo mucho tiempo para decepcionarse, porque otro pensamiento le asaltó de repente, tomo su alforja con sobresalto y vació el contenido sobre el piso; la lira tampoco estaba. Karan maldijo a su suerte, se levantó aún un poco tambaleante y se echó a correr, el tiempo que había pasado dormido había sido bastante, por tanto, Pancras le llevaba mucha ventaja, sin embargo, no se desanimó e imprimió a su carrera tanta velocidad como le era posible.

Al llegar a la ciudad de Corinto vio que la ciudad estaba de fiesta, llegó a la plaza y vio a una multitud reunida, casi toda la ciudad parecía estar allí, se acercó a un grupo de personas y les pregunto qué era lo que pasaba.

—¡¿A caso no lo sabes?! — Cuestionó con mucha emoción un hombre ya mayor. — ¡Los dioses han escuchado nuestras plegarias y nos enviaron a un joven que venció al monstruo! –

—<< ¿¡YA LO VENCIÓ?!>>— Exclamó Karan para sus adentros.

—¡¿Y cuándo paso esto?!, ¡¿Cómo fue?!— El joven les siguió la corriente en su euforia, no quería levantar sospechas.

—Poco antes del amanecer de hoy, el joven llegó preguntándonos por el monstruo, el cual, para nuestra suerte aún no había llegado a la ciudad, entonces nos dijo que venía a derrotarlo y lo espero en las afueras, nosotros le dijimos que no lo intentara, que desperdiciaría su vida en un vano intento, que si ni los espartanos habían podido hacer algo un simple muchacho menos, pero lo único que nos dijo antes de ir en su encuentro fue que él tenía métodos distinto a los de Esparta, claramente eso nos desconcertó mucho así que decidimos seguirlo, pero estábamos seguros de que veríamos como el monstruo lo destrozaría, ¡Pero no fue así!, apenas se vieron, nuestro héroe desenvainó su espada, haciéndonos creer que intentaría luchar contra él, no obstante, solamente la alzó un momento en el aire, como para provocar al monstruo, la creatura lo vio y no demoró en abalanzarse contra él, cuando cumplió su objetivo, el joven clavó la espada en la tierra, para después sacar de su alforja una lira y comenzar a tocarla, ¡Después paso algo increíble! Al estar ya muy cerca ¡El monstruo cayó dormido!, se desplomó así sin más, arrastrándose con el impulso restante de su embestida, el joven solo tuvo que moverse hacia un lado para esquivarlo, para luego, con suma tranquilidad tomar su espada y clavarla en la cabeza de la bestia. ¡Fue maravilloso! ¡Un milagro! ¡Él es ahora nuestro héroe! ¡Pancras el héroe!, Ahora esta allá. —El anciano señaló hacia adelante. — En el centro de la plaza junto con el cadáver del monstruo, recibiendo nuestras ovaciones. —

Karan oyó suficiente, dejo al anciano en su regocijo y se abrió paso entra la muchedumbre. A duras penas llegó hasta la parte frontal. Su primo estaba ahí, con los brazos alzados en señal de victoria, mirando hacia todos lados, sonriente, bañado en los vítores de la población, atrás de él estaba el cuerpo inerte del monstruo con la espada aún clavada en el cráneo.

En su recorrido visual, Pancras logró ver a Karan justo en primera fila, le dedico una sonrisa amplia, burlona y sincera, lo señaló con ambas manos y torció los labios como diciéndole “Mala suerte”, luego remató todo moviendo los labios y diciendo —“Nunca cuentes todo.” —Estaba seguro que su primo leería sus labios y entendería.

Y así fue, Karan entendió esas tres palabras, captó el mensaje, pero su respuesta fue algo que Pancras no esperaba. Lejos de verse iracundo, triste o decepcionado, Karan le devolvió la sonrisa y después una contestación —“No lo hice”—

Los gritos de júbilo se convirtieron en gritos ahogados de terror, un gruñido que comenzó leve comenzó a subir de tono hasta ser tan audible que hizo voltear al recién coronado héroe. A su espalda el monstruo se estaba levantando, la bestia sujeto la espada y se la saco del cráneo como si fuera una insignificante astilla, Pancras solo tuvo tiempo de gritar antes de que la bestia lo tomara e hiciera pedazos su cuerpo, cuando terminó con el desafortunado hombre, saltó a la multitud comenzando su masacre. Karan logró escabullirse entre el caos y llegó a los restos de su primo, para su buena suerte la lira estaba intacta. Corrió nuevamente al sitio del siniestro y comenzó a tocar, la creatura, justo como al comienzo se desmayó con oír apenas las primeras notas, estando ya en el suelo Karan les ordenó que le trajeran las cadenas más fuertes que tuvieran, lo obedecieron en un santiamén, en un abrir y cerrar de ojos el monstruo estaba completamente atado, luego de eso Karan dirigió a un grupo en camino al mar. Estando ya en aguas muy lejanas a la orilla, el monstruo fue arrojado y se perdió en la profundidad de las oscuras aguas.

Lo que Pancras no supo, era que, si bien la música servía para detenerlos, la verdadera clave para matarlo era ahogarlo, ya que no podía ser vencido en combate. En los pergaminos que Karan había leído, vio que todos los miembros de dicha especie habían sido arrojados al océano como única forma de vencerlos definitivamente.

Fue así que Karan se invistió de gloria, recibió el agradecimiento de toda Grecia y se convirtió en el último de los campeones de los Dioses.

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