La semana pasada habíamos estado en discusiones permanentes y decidimos que nuestra historia no iba más. Me dolía tener que aceptar que  lo nuestro no funcionaba, pero quizás lo que más laceraba mi corazón era su indiferencia. Esta mañana, se ha ido de casa llevándose todos los capítulos de nuestra vida en su fría maleta. Intente detenerla pero no quiso escuchar mis suplicas y se fue, cargando mis sueños que eran ella misma.

He llorado como un niño sin consuelo y las luces en la ciudad han anunciado que mi vida se fragmenta en recuerdos del pasado, y el presente sombrío, que acaba con mi alma fría.