El calor comienza a hacerse presente, las ventanas se mantienen abiertas después de mediodía, incluso el agua sabe mejor estando fría; pueden ser algunas señales para sentir a media calle la llegada de la primavera; además, los árboles frutales tienen un sin fin de pequeños botones de distintos colores. Los corazones se mantienen alegres cuando se sienten cálidos, quizás es una razón por la cual todos la esperan con ansias. Ahora me detengo frente al librero y comienzo a observarlo. — En este pequeño espacio habita el invierno — dije en voz baja, lanzando un suspiro.

Afuera es un lugar distinto a lo que existe en esta habitación, salgo cuando son días de visitas y aunque hoy lo sea, nadie ha venido a visitarme. Esa idea jamás me ha hecho sentir mal; la soledad es una vieja amiga, ella ha memorizado los monólogos de mis viajes, a veces ella inicia, y yo termino poniendo el punto a cada historia. Me he dado cuenta que comencé a olvidar fechas y nombres, no quiero olvidar mi nombre, las visitas no son importantes para mí, pero la correspondencia sí , quiero decir, ¿qué sucederá cuando piense que estoy leyendo la carta de alguien más que no sea yo? Peor aún, cuando olvide que sigo esperando cartas y una de ellas tenga escrito en el sobre un nombre en específico, ¿habré esperado en vano?

El miedo a olvidar me mantuvo impaciente, para tranquilizarme salí a caminar alrededor del jardín, conté mis pasos y las flores, enumeré a las personas. Al finalizar, regresé a la sala de espera, pero aquí no había comodidad.

Dirigí mis pasos a la habitación. Es pequeña y está alejada de todos las demás, en este lugar sólo escucho a los cantores alados. Una vez dentro, con la mano derecha, aún con fuerza, tomo el lápiz azul, el único que tengo, y decido escribir una carta para cuando lo haya olvidado todo.

Inicio con mi nombre, que es un poco largo, y la fecha de mi llegada. Anoto el nombre de mis padres y hermanos, y después, la dirección de este lugar. Comienzo a describir los pocos días felices de mi vida, hasta ahora son ocho. No quiero olvidar el recuerdo de la cicatriz de la mano izquierda, la única a la vista y con ella vuelvo a la infancia.

Detuve el escrito para hacer una lista de libros que aún conservo, también la agregaré al sobre. No quiero olvidar a los amigos más leales que he tenido, porque ellos jamás me olvidarán. Al finalizar la lista, prosigo con el escrito, tampoco quiero olvidar un nombre, es el verdadero motivo para hacer este tipo de cosas, en realidad, siempre fue el motivo de todo lo que realicé en la vida. La última hoja va con dedicatoria a aquella persona:

“Ahora lo sabes, he estado esperando por ti, y para no olvidar la espera escribí éstas líneas, tampoco deseo olvidar el día que te conocí, recuerdo que estabas con la mirada perdida, releo tus ojos para descifrarlos, pero me fui sin poder lograrlo, aunque siempre fueron mi faro, jamás podré llegar a ellos en vida.

Dediqué mi vida a navegar, pues el mar fue el único lugar donde te encontraba, ahí seguía latente tu recuerdo. Por el mal estado de salud que tengo, hubo un momento que fue imposible seguir en el barco y ahora estoy aquí, en un refugio donde hay extraños que cuidan de mí, ellos son generosos conmigo. De innumerables formas te busqué y escribía sin obtener respuestas. Jamás finalicé la búsqueda, aunque se fueron poco a poco las fuerzas de mi cuerpo, pero no las de mi espíritu. Por ello, este lápiz sigue moviéndose con la intensidad que las olas me otorgaron.

No volví a bailar con nadie más y bajo el inmenso cielo escuchaba algunas notas musicales que me ayudaban a invocarte. Tu recuerdo me mantiene feliz y estoy en paz con todas las estaciones, porque no sé en cuál de ellas regresarás. Cada libro que dejo es para ti, ellos te esperan tanto como yo, léelos, en cada página me hallarás. Debes saber que los instantes que te tuve en mis brazos fui feliz, esa felicidad me ayudó a sobrevivir en este mundo; tu presencia fue buena conmigo. Dentro de mis anhelos estuvo el que fueras más feliz que yo, tu sonrisa aparecía como una oración en mis días tristes.

Llévate todas las cosas de mi escritorio, te pido también las conserves, son pocas, pero es lo único que rescaté del último naufragio. No trates de investigar mi pasado, nada de lo que dicen es cierto. Recuérdame como el mapa en blanco que ahora soy, ningún lugar habita en mí, el olvido llegó como un regalo de la naturaleza y borró todas las líneas trazadas; nada queda de lo que alguna vez fui, ¿y qué fui?, instantes de felicidad, sólo recuerdos que vivían en mí.”

No pude escribir más y firmé la hoja, guardé todo en el sobre y lo cerré. De pronto escuché que tocaron el timbre.

—Usted tiene una visita, lo esperan en la sala — dijo la enfermera que se encarga de cuidarme

—Nadie viene a visitarme este día — contesté con asombro.

Tuve que salir y dejar los sentimientos en la habitación.

2 thoughts on “Mapa en blanco”

  1. Creo que esta historia es tantas veces real a cierta edad, aunque todas las veces las mejores palabras que encontramos se van volando por la ventana. ¡Sencillamente aquí estan.!

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