La Pachamama nos obsequia y regala.
¡Cuánto hemos de agradecerle!

En las cumbres aguarda durmiente, el sólido y futuro oasis.
¡Que alegrará a mi pueblo!
El clima salvaje de mi tierra acuna la esperanza en hielo.
Las curvas arrugadas, imperantes y orgullosas develan el misterio.

Los pétalos del sol naciente acarician la desértica tierra con su incierta mirada
puesta en el poniente horizonte.
El congelado viento sopla y nos canta.
Nos cuenta las historias de la Pachamama, nuestra dulce madre.

Los sagrados seres que habitan la creación están danzando en calma y alegría.
La Pachamama les muestra la desgracia y la pureza que hay.
¡Que aún queda por ver y sufrir!

La Pachamama nos enseña y regala.
¡Cuánto hemos de agradecerle!

Ella, con los solitarios astros realiza su trabajo.
Día a día.
Con la lluvia, trae el desahogo de Dios.

Con las nubes, sortean nuestra mundana suerte.
Con el mar, juega a ver quién tiene más fuerza.
Y nosotros, los humanos, le faltamos el respeto.

Nosotros, con nuestra humanidad, la profanamos.
La herimos. La enfermamos.
¿Cómo?
Cortando sus fuertes y altos brazos verdes.
Llevándonos ,salvajemente, las vidas de los seres que ella misma crío.
Destruimos sus rugosas curvas para encontrar la verdadera riqueza en el mundo
subterráneo.
Arrojando al mar, la desgracia perpetua.
La industria prende su cigarro para despedir ese asqueroso humo al cielo,
convirtiendo a nuestra madre en una triste fumadora.

La Pachamama nos enseña y regala.
¡Cuánto hemos de agradecerle!

La Pachamama es antigua.
Más que todos nosotros juntos.
Y más valiosa que todos nosotros juntos. Dejémosla viva.

Respetémosla. Ella forma parte de nosotros y nosotros de ella.
Sus canciones silenciosas no han desaparecido.
Escuchemos con atención. Por ella y por lo que vendrá.

6 thoughts on “Paraíso corrompido.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *