La cocina vive en los años cincuenta del siglo pasado. El comedor, diría que en los noventa. El living parece de fines de los treinta; y el baño de la planta baja, creo, ya está en los primeros años de este siglo. Al principio pensé en un capricho de algún decorador. Sin embargo, si uno se para en el rellano de la escalera, desde donde se domina toda la planta baja, verá que doña Carmen, fallecida en el sesenta, sale de la cocina con su fuente de ravioles y nunca llega al comedor; que don Tito, que ahora está en el geriátrico de la calle Rosales, sale del baño arrastrando los pies y mal abrochándose los botones de la bragueta y entra al living corriendo, casi sesenta años más joven, con pantalones cortos y peinado a la gomina. Tengo miedo de abrir la puerta para salir a la calle.

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