¿Qué dices que ves?

Los siguientes relatos se han fraguado al calor de la convocatoria que lanzó esta revista para motivar un ejercicio lúdico con nuestro lectores. La actividad consistió en elaborar pequeñas narraciones valiéndose de la misma imagen:

Natalia
Maricarmen Alarcón / México

Hace tiempo que se aisló en su cerebro, blindó su corazón y se refugió en rutina de su anterior vida. Era la proveedora de su familia hasta ése maldito día. Volvía a casa después de la compra en el mercado cuándo escucho las sirenas ulular por la avenida, estando más cerca vio un gentío y al abrirse paso descubrió que su departamento estaba en llamas: -¡Mis hijos! – gritó.
A continuación toda la vida, todo lo sentido, lo amado, lo escuchado, las imágenes, todo su mundo se agolpó en su cabeza. Sentada con las compras fuera de su casa, espera…

Entonces comprendí

Astrid Rezendis / México

Hace un par de semanas que abandoné a mi marido, ya me tenía harta. Me junte con el a los dieciséis. Estábamos esperando un hijo y tuvimos suerte de que un tío suyo nos prestara una vieja  casucha, al principio, aunque las cosas no eran fáciles, éramos muy unidos, yo trabajaba vendiendo donas y él de plomería. Tres meses después me vino un sangrado y perdí a nuestro hijo. Por varios años intento dejarme embarazada, pero eso nunca sucedió. Comenzó a odiarme desde entonces, jamás fue el mismo, se volvió borracho, cada año era peor, golpes, insultos y violaciones eran el pan de cada día. Poco a poco deje de amarlo. Un día fui a dar al hospital y entonces comprendí que algún día me mataría, luego de recuperarme comencé a planear mi escape. Hasta hoy. Ahora vivo de la piedad de las personas que me permiten trabajar como sirvienta.

Seres en soliloquio 
Yesenía Rodriguez / México

En ocasiones es el olor tan fuerte el que nos hace notar su presencia, palabras altisonantes musicalizando el camino lo que nos hace voltear la mirada hacia ellas y ellos, o que han tomado los juegos de un parque para en ellos vivir. 
Sus cuerpos con costras sobre costras, el arrastrar mochilas infantiles llenas de objetos que les representan recuerdos o la mera necesidad de acumulación; se han entregado a un eterno momento que pareciera no ser vida ni muerte. 
Esa otredad que se encuentra en un soliloquio derivado de condiciones psicosociales adversas, una tribulación que perpetúa el espiral de infortunios que les han hecho encallecer su vida. Quizás se han olvidado de sí mismos esperando una ayuda que es caridad y no escucha del porqué de su ausencia.

Fase 4
Ronnie Camacho / México

La cuarentena no nos tomó desprevenidos a mi hermano y a mí, teníamos comida de sobra y mucho papel de baño, pero nada con que divertirnos y el aburrimiento, es más feroz que el hambre.
Fue así que comenzamos a ver por la ventana, pronto nos aprendimos las rutinas de nuestros vecinos, los horarios en que las tienditas abrían y a qué hora Doña Chole, la indigente, salía a buscar latas en las bolsas de basura.
Con el paso de las semanas las cosas cambiaron, había menos vecinos, las tienditas cerraron definitivamente y Doña Chole, murió sin aire en la calle.
Después de eso me aleje de la ventana hasta que mi hermano grito “¡Doña Chole se movió, la vi moverse!”, “¿Qué dices que viste?” pregunté y cuando me asome vi el cuerpo descompuesto de la anciana volver a levantarse, la fase cuatro del virus había llegado.

 

Texto Colectivo

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