Recuerdos olvidados

No quería admitir que el tiempo había pasado y, aunque ya son los nueve meses, aún recuerdo mi vida anterior. Por lo mismo sé que la olvidaré conforme pase el tiempo. Si todos pudiéramos recordarlas, creo que eso nos haría mejores humanos. En fin, ya es hora, aquí vamos de nuevo: mi recinto de tantos meses se queda sin líquido, la calidez de la humedad a la que me había acostumbrado se transforma en luz cegadora, frío y llanto. Mi llanto.

El doctor y las enfermeras me traen de un lado a otro sin que pueda hacer nada, ni siquiera soy capaz de hablar, me limito a seguir llorando a pesar de saber que eso no sirve en estos primeros momentos. Y es que a todos nos borran esta etapa, así debe ser: ignorar que somos almas recicladas en cuerpos nuevos. Imagino que, si alguien recordara sus vidas pasadas y lo comprobara, este sistema se vendría abajo.

Alguien me arropa contra su pecho, regresa el sentimiento de calidez, esta debe ser mi madre. Sí, reconozco su aroma a galletas, chocolate y leche. Ahora me hablará por primera vez, emocionada de tenerme entre sus brazos, aquí viene:

—Mi pequeño Brayan Maluma, al fin te tengo conmigo.

—¡¿En serio, Dios?! ¿Tantas reencarnaciones y no merezco que me pongas con una familia decente? ¡Hey, te hablo a ti! Sí, Señor, aún recuerdo, ¡más vale que esto sea una broma o tendrás entre manos a tremendo sociópata!

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