Relatos de las coincidencias

Los siguientes textos se han fraguado al calor de la convocatoria que lanzó esta revista para motivar un ejercicio lúdico con nuestro lectores. La actividad consistió en elaborar micronarraciones valiéndose del siguiente listado de palabras para su construcción:

Virus – Saliva – Divergencia – Cabeza – Azar – Espíritu – Payaso – Amarillo – Tambores – Alquimia. 

¡Gracias a los participantes!

Covid-19
Camilo Montecinos / Chile

Dios está desesperado. El plazo para el apocalipsis se cumplió y ya no soporta la divergencia de los humanos. Se siente un payaso y debe actuar pronto. No al azar, sino con raciocinio. ¿Convertirá su saliva en veneno? Muy cruel. ¿Mandará truenos como millares de tambores en sus cabezas? Muy escandaloso. ¿Recurrirá a la alquimia? Técnica antigua. “Que sus ojos se pongan amarillos”, sugirió el Espíritu Santo. No lo consideró. Él necesita algo sutil pero mortal al mismo tiempo. Algo que actúe rápido pero de forma progresiva. Y no lo piensa dos veces: un nuevo virus, que mate lentamente.

Clown Wars
José Rodolfo Espinosa / México

Cuando el Rey Payaso nos descubrió, creí que moriríamos. Los tambores se detuvieron y pensé en la divergencia que tuvimos. Me quedé completamente inmóvil mirando directo sus terribles ojos amarillos. Era el más alto de ellos, su nariz brillaba como el sol y su cabello era del color del fuego. Si Mario no me hubiese jalado del brazo en ese momento, probablemente ahora sería uno de ellos.

—¿Fueron solos? ¿Perdieron la cabeza? Los pudieron haber mordido.

—¿Qué…qué pasa si te muerde un payaso? —preguntó Alquimia.

—Su saliva contiene el virus —contesté —no sobrevivimos por azar, fue el espíritu.

Caminantes
Fátima Chong / México

Ocasionalmente viajan desde su resguardo y suenan los horribles tambores anunciándolos, las personas que no estamos infectadas por el virus nos ocultamos. Los enfermos cubren su cabeza tristemente. La alquimia no halla cura para la divergencia de su mal. Cuando el globo ocular de alguien se torna amarillo, es preámbulo infeccioso. Los veo caminar aterrado, trago saliva, no llegué a casa, no hay circunstancias que definan cuando te has de enfermar, es azar. El padecimiento juega cual payaso con niños. Me miro al espejo. ¡Dios mío! Mi globo ocular es acuoso y amarillento. Mi espíritu se perturba. No te acerques.

El principio de la divergencia
Kathy Serrano / Perú

Cuando el virus de la saliva ya había arrasado con gran parte de la humanidad, en un pequeño pueblo surgió un payaso con la cabeza cubierta por un extraño sombrero amarillo de doble copa. Él avanza por las calles golpeando sus tambores. Se detiene en una puerta al azar. Sus cuatro manos tocan con espíritu festivo. La puerta se abre e innumerables seres resurgen de sus escondites. La música ha hecho su alquimia: unos tienen tres piernas, otros cuatro brazos. La evolución divergente ha comenzado.

Érase un espectro
Marshiari Medina / México

Su espíritu deambulaba por ahí. Ya no recuerda cómo llegó a este mundo de sombras. ¿Fue el azar o ese virus maldito que se instaló en sus pulmones? Su cabeza resuena en el pasado. Un líquido amarillo le escurre de las entrañas. ¿Cuándo fue la última vez que respiró y sintió el tragar de su saliva? Escucha unos tambores rugir. Es la señal para romper la divergencia y comenzar la transfiguración. Pero se siente inútil, como un payaso que no sabe nada de alquimia. Así que se queda ahí, parado en la eternidad, llorando sobre lo que alguna vez fue su tumba.

Atardecer
Vetusta Marlon / España

La Gran Divergencia cayó derribando por azar la copa de vino sobre la alfombra. Mientras el cadáver de las uvas tintas se expandía a mis pies, un hilillo de saliva humedecía el batín zarandeado por mis ronquidos. La recurrente pesadilla volvió a trasladarme al temido escenario. Mi soberbia por matar, con falsa alquimia, al virus de la cólera había chocado contra el Espíritu Santo y sus cabezas visibles. Es cierto; fui payaso iluso. Al sonar de los tambores, levanté la mirada hacia los amarillos ojos del verdugo. Diagnóstico: hepatitis. No lo sabía pero moriría pronto. Claro que no tanto como yo. Mi cabeza llenó el cesto. De nuevo, una noche más.

Hasta vernos pronto
Juan Pablo González / Guatemala

Recuerdo que observé a un payaso con una capa amarilla colarse entre los matorrales. No sé si era real o su espíritu. Mi cabeza entró en esa divergencia que resonaba como tambores. Pensaba que la alquimia no era más que un juego de azar. Hasta que ese día en la televisión habían dado la cura contra aquel virus mortal. El presentador dijo: “La saliva humana tiene la solución. Escupan, besen, hagan el amor…. porque allí está la solución”.

Epidemia
Perla Estañol / México

El payaso tragó saliva: no podía eliminar el virus de su cuerpo y su cabeza daba vueltas buscando una salida. El azar lo había llevado hasta allí, donde se sentía acorralado. Un espíritu amarillo y redondo desaparecía por la ventana, dejándolo con esas fotos sucias y espesas que, como alquimia, hacían más clara la divergencia entre la adultez desolada, sin sentido vivida y aquella que le hubiese gustado vivir.

Cuando comenzó a escuchar los tambores diminutos, el sudor ya había distorsionado la roja sonrisa de su boca, dejando al descubierto la horrenda mueca de dolor que significaba ahora seguir.

Del origen del microuniverso errante
Alexander Ganem / México

De antigua alquimia se tejió la mueca insomne del golem hecho payaso trunco, en amarillo azufre trazado, sobre el papel vacío de un aleph antiquísimo. Su cabeza era una horrible divergencia, un virus sangrante de saliva hirviente, sonora como los atronadores tambores de una tierra sin memoria. Quiso el azar que las llagas del espíritu aberrante de los siete locos, lanzara sus llamas sobre la ruidosa palabrería del oráculo creador, sordo al dolor centenario de tantos y tantos caídos en aquel ardiente cadalso de ciencia y espanto.

Sin título
Ángel Martín / México

Si conociéramos la alquimia interna, 
los tambores silenciosos que duermen en nosotros o
el mar de saliva naufragando en la boca, 
la divergencia de opiniones sería mínima.
El espíritu dominaría la materia, 
prudentes coronas se alzarían en la cabeza  
y la vida como virus se perpetuaría a si misma,
sabiendo que somos fruto del azar, 
nietos de un marchito sol amarillo. 
Esperamos tras bambalinas 
como el payaso, aguardando la última 
función sin saber de risas.

El Panfleto
Karina Reyes / México

Jadeante, esparciendo saliva, corría de un extremo al otro del mueble amarillo agitando la cabeza al compás de los tambores de un lado al otro, generando tal divergencia como si quisiera formar una zanja en el suelo. ¿Qué le causaba tanta curiosidad? Para comportarse como un vil payaso, ni que estuviera poseído por un espíritu, ¿se le habrá pegado algún virus durante el paseo por el parque? Me incliné hasta el suelo para ver por debajo del mueble. Un panfleto de alquimia fue a dar por azar hasta el fondo, misterio resuelto: el sabueso solo quería que lo lanzara.

Tambores de guerra
A.H. Ucan

El sabor de su saliva me voló la cabeza, de a poco experimentaba como ese maldito virus llamado amor o deseo, — ¡¿hay quién sepa en ese momento que existe divergencia entre ambos?!— se apoderaba de mi espíritu.
Jamás dudé en llamar “payaso” a cualquier idiota que por azar o premeditación cayera en sus redes.
Pero, al saborear con mi boca esa alquimia que transforma su sudor en dulce néctar, me arrepentí de ignorar las señales y no detenerme cuando el amarillo figurado de mi semáforo interior indicaba.
Ella es paz y mi diosa interior está tocando los tambores de guerra.

Divergencia
Adela Isabel / Argentina

-¿Qué me van a hacer, payasos?- vociferaba el cazador de férreo espíritu aventurero, ante el cerco de aborígenes que lo ensordecían con sus tambores y lo salpicaban con sus escupitajos amarillos.
¡Si me matan…los matarán! – gritaba desesperado ante la sordera de alucinados guerreros. La alquimia ancestral o el azar le hicieron estallar el corazón con el máximo redoble y posterior silencio.
Cortarle la cabeza fue fácil, no tanto como la divergencia entre el jefe y el hechicero de la tribu. Al final se decidió que la cabeza no fuera disecada, sino hervida y comida entre todos. Se lo merecían.
Fue así que el virus que el prisionero portaba, eclosionó en la ebullición y los diezmó.

2 thoughts on “Relatos de las coincidencias

  1. Excelente dinámica, muy buenos escritos.
    Felicitaciones para “El principio de la divegencia” y “Sin título” me gustaron mucho.

  2. Variedad en el enfoque a pesar del uso de palabras iguales.Uno apuntó al amor,al contacto personal como salvación. Perseveremos en ese camino.

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