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 …Séptimo reporte:
Para que comprendan bien esta nueva crónica, hay que recordar que ha pasado mucho tiempo desde la rendición del imperio; aunque si se piensa bien, fue a partir de esta insólita circunstancia, al final de aquella guerra que todos quisiéramos olvidar, que se aceptara la derrota por parte de ambos frentes, el abandono de la causa –si es que la hubo- de los ejes aliados. ¿O eran cuatro los frentes? ¡Fue todo tan confuso aquí!

Qué importa ya. La realidad es la vida miserable que llevan casi todos los pueblos en la actualidad, incluido el arrasado imperio.

Un último apunte: los nombres a los que me referiré están basados en mi anterior supervisión; pero ya no existen como tales.

Es curioso, a pesar del fatal y vergonzoso fin que tuvieron en su momento, se corre el rumor de que vuelve a brotar una iniciativa monárquica muy al sur del antiguo mar del Norte –ahora parte al océano Atlántico por efecto del derretimiento polar-. Incipiente retoño heredado de los señores feudales que desde hace siglos ejercen dominio sobre sus habitantes vasallos; al sacar provecho de que los vientos malignos nunca perjudicaron de manera importante esta región del planeta.

Dos excepciones más al respecto se encuentran en los alrededores de las entonces llamadas ciudades de Melbourne y Calcuta, ahora conocidas como Dankera y Tiam; las únicas urbes que han logrado cierto progreso, sobre todo en la arquitectura.

En estos dos nuevos centros de población se desarrolla lenta pero firme una renovada expansión de orden económico, con titubeante pero noble certeza política. Es un hecho que el mundo entero se encuentra a la deriva en ideologías de cualquier tipo.

No obstante hallarse tan separadas entre sí por ese mar, hasta cierto punto sano, estas capitales sin nación han llegado a un acuerdo en el escaso contacto protagonizado por sus emprendedores pueblos: equilibrar su economía por medio del trueque de ladrillo de ceniza compactada, que la gente de Dankera fabrica en serie, en islas que alguna vez florecieron en el sureste asiático; y frutales exóticos, por otra parte, originales de las vastas planicies de Tiam; reiniciadas también en el mundo varias expediciones geográficas que utilizan para tal efecto la madera de Tiam, al construir con ella enormes navíos con gigantesco velamen que por lo general es sustituido cada mil millas –la milla náutica es una unidad de medida rescatada desde antes de la guerra; así como la idea de la redondez terrestre; sin embargo algunos navegantes de la región siguen temerosos al respecto-, cuando se aventuran más allá del gran océano; y es que los rayos solares parecen carcomerlas sin piedad.

Destaco el ingenio de los oriundos de Tiam, quienes han compartido su secreto con la gente de Dankera, en relación con la mutación química del néctar de un fruto redondo y duro como una piedra, que crece en lo alto de unos árboles inmensos; este alimento ha resultado perfecto para proteger sus cuerpos de la peligrosidad que representa el viento, cuando la audacia de navegantes han osado explorar el territorio del último imperio; sin tener idea del mismo en su memoria heredada.

A menudo estos valientes aventureros se preguntan lo que habrá sucedido en aquellas lejanas tierras, donde a veces encuentran restos orgánicos en proceso de convertirse en un extraño orden de fósil-combustible, entre la vastedad carbonizada. También existen hombres que idean la industrialización del ladrillo negro en ese lado del planeta, con animalescos afanes de poder.

Pero sobre todo prevalece entre estas ciudades una paz estable, apoyada por cierto instinto religioso rudimentario y sin dogmas. Confuso, es verdad, pero intenso.

Inician vestigios civilizadores en el extremo noroeste de Tiam, basados en una antiquísima deidad sobreviviente en piedra; pero la vida miserable, el desconocimiento científico y la falta de sanidad prevalecen. Mucha gente muere por epidemias en los tres centros sociales más progresistas, a comparación con el resto. Futuro Renacimiento si todo sigue por buen cauce; así como en los feudos en vísperas de reinaugurar el proyecto de monarquía.

Los tiameños han levantado soberbias columnas de piedra que podrían catalogarse como neo-góticas –una vez más comprobamos que la información genética predomina, aun y con su efecto negativo: intuyo cierta fase en el pensamiento terrícola actual aferrado a un miedo sin sustento, intuitivo e ingobernable, al menos hasta hoy-. Esta idea acompaña también a sus arcos romboidales y bóvedas con aristas en molduras que reflejan un -incomprensible para mí- pánico en sus imágenes. Quizás angustia ante algo que los sobrevivientes temieron en demasía en el inicio de la nueva era.

Las construcciones logran impresionante claridad en la estructura completa. Han aprendido a ser verdaderos artistas de la ligereza, amplitud y elevación de espacios con grandes ventanales de vidrio policromado, mismo que obtienen a pesar de la arena transformada en su composición química, como resultado de la lejana catástrofe.

Es seguro que necesitaron legiones de obreros para lograr tal magnificencia de estructura; sus artistas e ingenieros fueron geniales al reflejar gran respeto por la naturaleza; y es que en general, desde mi última visita, poco después de la hecatombe, la supervivencia de este mundo continúa basada en el terror al medio ambiente.

…Octavo reporte:
Al seguir adelante con mi información de rutina, en Venus la vida se desarrolla sin mayores contratiempos, gracias a la semilla traída desde el planeta vecino hace un milenio. Su fina atmósfera ha sido bien adoptada por los microbios mutantes, día tras día en lento progreso que después desencadenará en organismos superiores. Es admirable la metamorfosis que los seres unicelulares adoptan ante la mezcla del inclemente calor solar y el agua salina; y a la vez es una lástima que la aguda intuición de una civilización tan desarrollada no pueda ver su propio milagro logrado en este planeta; conformados ahora con admirar el lejano lucero matutino, como ellos lo llamaban, incluso con horror en algunas regiones del globo azul.

Me pregunto si aquellos antiguos terrestres hubieran admirado su morada desde aquí, tal vez esa civilización homogeneizada aún existiría…

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