Schwarze Poesie

Somos sangre colosal como la poesía,

trascendencia del arte tras el ruido de la locura

como las máscaras de un mimo tras la pintura

o las palabras ocultas tras las vías de la melancolía.

Al hedor del anticristo, sintiendo un milagro muerto

cual ave cayendo de las montañas en el vuelo

y el placer de ser perseguido por su acribillado

dentro de las penumbras oscuras atormentado.

Gran pena en la mirada de aquellos santos,

de los perdidos, de los nuevos, de los viejos,

de los locos y hasta de los sabios;

tan cerca del arte y su fisura pero ya van más lejos.

La peste de la expansión terrenal y universal

retuerce su imposibilidad dentro del azufre.

¡Oh, maldito preso! Tu mundo ya no es igual,

tu mundo no eres tú si no escuchas cómo sufres.

Y arreboles de las manzanas caídas en el paraíso,

sin obstáculos pesimistas por un soñador barato;

la libertad te escucha, siente, ¡elévate del piso!

siente tu plegaria, los pecados y su encanto.

Mi sol despampanante en el suelo y el mar

se lleva mis llantos, mis penas, mis locuras como Dionisio,

las lleva tan a fondo, me las entrega frescas del manantial

como alcohol y fuego en el baile cerca del precipicio.

Dominante pesadez en el arte, en la poesía y ritmo,

cargaría por toda la eternidad tus flamantes versos

porque trato de entenderte, de amarte, de seguir un camino

mientras el rocío crece y figuro no salir ileso.

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