Se busca

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Cuento seleccionado en nuestra convocatoria “Todos Somos Teresa”

Llevo diez años buscando a Teresa. No está debajo de las rocas, ni en las calles vacías, mucho menos en las persianas entreabiertas de los vecindarios contiguos. No está en el viejo camino a la escuela de casas grafiteadas y parques descuidados, mucho menos en las personas que prometieron lealtad incondicional.

Ayer vi su carta guardada en el fondo del armario. El atisbo de una hoja colorida con fondo rojizo logró que el corazón se llenara de nostalgia. Su amistad siempre fue genuina e invaluable, no obstante, se fue sin dejar rastro y todavía me cuestiono qué pudo haber sucedido. No dejó dirección o correo electrónico.

Aún recuerdo nuestros celulares anticuados, llenos de calcomanías, colguijes e imágenes de baja calidad que pasábamos por bluetooth. Pero, por azares del destino, a ambas se nos descompuso el aparatejo días antes de su inexplicable abandono.

El pupitre se llenó de polvo, los años mantenían su curso, y yo, continúe esperando respuestas que nunca llegaron. Todavía recuerdo el aspecto infantil de su cara redondeada, el cabello corto teñido de rojo, los ojos pequeños, las risas compartidas y charlas antes de clase que nos mantenían al tanto del caos en nuestras vidas, aunado a las anécdotas ocurridas en preparatoria.

Ella me enseñó el truco para que la falda tableada se viera más corta y así, no correr el riesgo de tusar el único uniforme escolar que tenía. Mi querida amiga no volvió a la escuela, no recorrió los mismos pasillos. Quisiera saber que está bien, que los problemas que tenía encontraron solución y ahora es feliz.

A veces imagino que encontró trabajo, tal vez ingresó a la universidad, se graduó, cumplió sus metas. Quizá sigue sonriendo por cosas sinsentido, regresó con su familia, se topó con el amor que tanto le prometieron y por el que siempre sufría.

Sin embargo, después de tanto tiempo, los pronósticos no son alentadores. Trato de eludir escenarios evidentes, porque una parte de mí desea que la realidad sea menos cruel. Los carteles de búsqueda con letra mayúscula han arrojado una sola pista, que de ser verídica, también significará una amarga despedida.

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