Sobre el papel de las universidades en la actualidad

Hoy en día, –y según lo planteado por Mills–, el científico social crítico, se ve obligado a cumplir un papel burocrático-administrativo, consistente en el llenado de formatos, papeleo, informes periódicos sobre su productividad, sobre cada una de las publicaciones realizadas, desdibujándose así su actividad creadora, genuina, artesanal.

Fenómeno recurrente, por otro lado, lo es del académico subordinado y leal a corrientes políticas hegemónicas dentro de la universidad, frente a las cuales desempeñan papeles de difusión y promoción (activismo político o grillismo), acorde con los imperativos de una estructura de gobierno caciquil, antidemocrática, oligárquica y nepótica, o bien, como meros reproductores acríticos de dichos imperativos, sin importar las tendencias políticas del o los gobiernos en turno.

La subordinación y lealtad de tales académicos a los imperativos de una estructura hegemónica de gobierno, su dependencia académica, guarda relación con la asignación y transferencia de recursos a sus instituciones de adscripción, y por lo tanto, con la consecución de sus proyectos académicos, líneas de investigación y por ende, la permanencia en sus cargos académicos y el cobro de sus sueldos, no siempre debidos a un trabajo individual, creador o crítico del académico titular del proyecto o línea de investigación.

Anexo a ello, el subcontratismo de equipos de trabajo dóciles1, vulnerables a éste tipo de organización académica caciquil, feudal, aunque modernizante y donde es posible encontrarnos con todo un conjunto de prejuicios, ideologías justificatorias, dogmas, moralismos respecto al papel beatífico del trabajo y del trabajador2, estereotipos variopintos sobre los jóvenes –quienes suelen trabajar al interior de la organización universitaria, en calidad, hoy en día, de “prestadores de servicios”, rebajando así, o negando su existencia objetiva en tanto trabajadores, por tanto, sin derechos laborales–, todo lo cual va encaminado a generar una mansedumbre de “colaboradores” contentos y satisfechos de seguir instrucciones, sin posibilidad de incidir en los contenidos y conducción de los proyectos de investigación principal, a través de su propia imaginación creadora y pensamiento crítico.

Aquí el joven3, realiza trabajos pesados4, a cambio de un sueldo que no refleja el trabajo realizado, sino lo que parece conveniente a su patrón, para mantenerle en un estado de obediencia, pasividad y satisfecho con algunas concesiones laborales pírricas5, pero no así, el seguro social, fondo de ahorro para el retiro, fondo de vivienda, descuentos para compra de libros, credencial de trabajador universitario, disfrute de los mismos beneficios universitarios6 que los estudiantes o trabajadores de base universitarios.

En realidad, se trata de borrar desde su llegada al organismo universitario, la independencia y autonomía de cada colaborador, su identidad, valores y personalidad, como condición sine qua non de estadía, permanencia en la organización universitaria, la cual asume como un favor trascendental, un privilegio, la posibilidad del joven colaborador, de formar parte de “La Universidad”. Así, por ésta vía, se va domesticando al joven, integrándolo al equipo de trabajo, logrando que éste se “ponga la camiseta”, que participe en la grilla de sus patrones, y sea un colaborador “bien integrado”.

 

Notas al pie.

1 Es ya conocido el fenómeno de subcontratación dentro de las Universidades Públicas, de los servicios profesionales de jóvenes recién egresados o en proceso de egreso, pasantes y demás, quienes a menudo, constreñidos por necesidades económicas apremiantes, se ven orillados a aceptar éstas condiciones de trabajo, dada su frágil posición académica y ante un panorama laboral generalmente poco halagüeño más allá de la universidad. De todos modos, estos jóvenes suelen ser quienes sobrellevan en gran medida el trabajo que entrañan los proyectos adscritos a alguna línea de investigación de las diversas instituciones, programas universitarios o centros de investigación, muchas veces, sin el crédito debido a su trabajo en publicaciones, artículos y demás, dando lugar a un extendido y recurrente fenómeno de plagio académico.

2 Aquí las oportunidades para exaltar las cualidades de ciertos colaboradores es crucial para el patrón, pues sirve para mostrar a los dudosos, el camino del buen trabajador, quien debe ser obediente, seguir correctamente las instrucciones, lo cual ocurre en las “reuniones de trabajo”, y que son cátedras de moral laboral burguesa, dictadas por el patrón, mismo que se asume, por cierto, como poseedor de la razón suficiente y absoluta, no tolerando puntos de vista discordantes a su liderazgo vertical y autoritario, ducho en imponer órdenes.

3 Al cual, se le suele achacar su holgazanería, falta de identidad, etcétera.

4 Se aprecia, en la moralidad neoliberal del trabajo, aquél trabajador que entrega mayor volumen de trabajo por menor cantidad de tiempo. Es el trabajador ejemplar, que será ascendido de jerarquía, dando lugar al trabajador “chambón”. No obstante, con bastante frecuencia, el volumen de trabajo no se corresponde con un contenido de calidad, en el producto final.

5 Tales como vacaciones pagadas, firma de contrato mensual, el ser parte de una universidad de prestigio y estar trabajando para la universidad, comidas navideñas, día festivos pagados…

6 Como acceso gratuito a áreas deportivas; descuentos para salas de cine, teatro, música, danza, teatro; descuentos para compra de libros, descuentos para realización de viajes para la realización de trabajo de campo; descuentos para tomar cursos de capacitación de idiomas u otras herramientas indispensables para la mejora en el desempeño laboral y profesional, goce de servicios médicos al igual que la comunidad universitaria, descuentos para tomar diplomados y/o cursos académicos, con valor curricular; incentivos para realizar maestrías de todo su personal.

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