La última gota

Recordaba los viejos tiempos en donde las ciudades se daban el lujo de tener fugas de agua, en donde nos bañábamos a diario y en donde el vital líquido se vendía en la tienda de la esquina. Eran buenos tiempos… pero todo fue cambiando conforme pasaron los años.

Para el año 2032 las reservas de agua potable se fueron agotando, gran parte de las aguas eran residuales y un gran porcentaje estaba contaminado con residuos radioactivos. Los conflictos no tardaron en suscitarse.

Las transnacionales iniciaron el primer punto de referencia para los problemas futuros, los precios empezaron a subir y ahora la gente de dinero se daba el lujo de obtener los suficientes gárrafones, botellas y contenedores de agua necesarios para subsistir. Llegó el tiempo en donde un contenedor de agua fue evaluado a mayor precio que un barril de petróleo. Las naciones colocaron objetivos prioritarios; hallar países con suministro acuífero.

Grandes naciones de primer mundo clavaron sus ojos en países en donde se tenía mayor reserva de agua dulce, potencias de occidente apuntaron sus lanzas a países tercermundistas como México, Colombia y Brasil, en donde las reservas de agua dulce eran más elevadas. Al principio trataron de negociarla, llegando a expropiar gran cantidad de manantiales y ríos. Pero conforme pasó el tiempo empezó una guerra para obtener el vital líquido.

Todo inició desde un conflicto interno. La guerra civil estalló, la gente salía enfurecida a las calles a reclamar lo que era suyo. El derecho a obtener el agua que les era arrebatada por las naciones de primer mundo, la cual exportaba millones de galones del líquido al extranjero, abasteciendo más a sus países y dejando sin suministros a los territorios allanados. Fabricas fueron quemadas y camiones transnacionales saqueados. Empezaron grandes represalias militares para salvaguardar las reservas de agua, en muchas ocasiones, la gente pagaba con bienes materiales por obtener unos cuantos litros para subsistir y algunos mataban para quitarla. La escasez no tardó en llegar.

Los científicos hicieron lo posible para construir filtros ultraosmóticos para poder filtrar el agua salada de mar, pero tras procesos tardados y utilizando reactivos químicos, el trabajo era muy ineficiente, solo llegando a obtener unos cuantos galones después de un proceso caro y defectuoso. Mucha gente del mundo empezó a sufrir embolias y trastornos por intoxicación al ingerir agua de mar mal tratada.

Ante tales condiciones, la gente ansiaba los temporales de lluvias, pero éstas llegaban a ser muy escasas. La sequía en aquellos años eran tremendas y en gran parte del mundo las lluvias no llegaban a caer, más que a mínimos mililitros por temporada. Algo muy malo estaba ocurriendo.

Las plantas procesadoras de agua de mar, de alguna forma estaban modificando la forma en que se desplazaban las corrientes marítimas y esto a largo plazo, provocó que los ciclones fuesen desplazados de tierra firme. Gran cantidad de los huracanes eran formados en pleno mar abierto y una muy poca distancia de ellos llegaban hacia los continentes. El resultado, fueron sequías atronadoras alrededor del mundo y una explosión de incendios forestales devastadores.

El pánico y la desesperación reinaban en la sociedad.

La poca agua dulce que quedaba en existencia, era compartida entre los altos estratos de la sociedad y gobierno, quienes podían adquirir el preciado líquido a precios demasiado elevados. Mientras que la población en general, solamente podía obtener el agua filtrada de mar, líquido que por sus altas concentraciones salinas eran sumamente dañinas, diezmando la salud de la población y causando serios problemas neurológicos. Por las calles se hallaban personas deambulando como locas, con demenciales alucinaciones, muchos caían deshidratados en las calles, a causa del calor insoportable y la falta del vital líquido.

Las agencias espaciales habían encontrado una especie de agua congelada en los polos de Marte. Durante los años posteriores a la Gran Sequía, se trabajó arduamente para poder tratar el agua marciana. Los resultados fueron positivos, y algunos cultivos de hidroponías en las comunidades de monitoreo en Marte llegaban a sobrevivir al riego con el agua experimental de los polos marcianos. Tan pronto existió esa pequeña esperanza en aquel infértil planeta, se hicieron luchas intensas para llevar un poco de esa agua al planeta Tierra. El transporte resultaba sumamente excesivo para las naciones, por lo que se trató de dar prioridad a los proyectos en exóplanetas, pues a unos años luz de distancia se hallaban planetas con posibilidad de tener agua en su superficie. Aquello significaría que la extinción humana seguiría en la deshidratada Tierra, muchos animales y plantas fueron llevadas en las arcas espaciales hacia Marte, con la esperanza de hallar algún otro planeta habitable donde poder plantar la vida nuevamente.

Los investigadores estaban en lo cierto que el Planeta Marte en su pasado tuvo un fértil suelo con ríos y canales subterráneos, frondosos bosques y una vegetación única, pues en cuanto más se excavaba en el suelo marciano, se lograban encontrar vestigios de fósiles de plantas y animales que en su tiempo pisaron el planeta Marte. Algunos tenían la similitud de reptiles del Cretácico y algunas a plantas primitivas del Carbonífero. Se hicieron hipótesis alocadas de que en algún punto de la existencia del planeta rojo se llegó al punto de no retorno, donde la escasez de agua y recursos fue inevitable, tal vez guerras y fenómenos astronómicos llevaron a la comunidad marciana a dejar su marchito planeta. ¿Podría ser que nuestros más antiguos ancestros habían sido ellos?… tantas preguntas y teorías, tal vez nunca lo sabríamos.

Lo que era cierto era que el planeta Tierra ahora se homologaba al planeta rojo, gran parte de él era desértico, con franjas de océanos carcomidos y agonizantes. El calor del Sol ahora era más agobiante, se pronosticaba una evaporación aceleraba de las aguas de los océanos. Todo era inestable. Para el año 2064 la calidad de vida en el planeta era demasiado sofocante, la pequeña semilla de la humanidad tendría que buscar algún destello celeste muy lejos de su hogar, ahí susurrante entre las estrellas.

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