Un nuevo sabor

Atanasio tenía sed. Trabajó todo el día en las labores cotidianas sin descanso y había olvidado su tecomate. No tenía cómo ni qué beber algo que calmara su sed: el río es un vertedero de los desechos que la minera produjo por siglos. En el malpaís donde habita, las lluvias son iguales a las visitas de las autoridades: solo en temporada de elecciones, es decir, muy rara vez.

Agotado, llegó a su jacal. Se sorprendió de no ver a su esposa dentro. Fue a buscarla y con sorpresa, la encontró junto con las demás en la plaza del pueblo.

—¡Mujer! ¿¡Qué pasa que no’ stás en tu lugar?!

—Ven, que hay algo que te va a gustar.— le respondió dándole su tecomate.

Bebió del recipiente con la voracidad de un desesperado.

—Esto no es pulque, ¿De dónde sacaste esto?

—Acaban de terminar unas obras para traer agua que se puede tomar. 

Atanasio, a sus cuarenta y cinco años, solo había bebido pulque.

Estimado lector, ¿Qué pensaría si supiese que esto ocurrió hace 50 años? La falta de agua potable no es un tema del futuro.

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