Utopía

Alguna vez

en algún lugar del mundo

mujeres y hombres

ancianas y niños

fueron

(serán)

felices.

oOo

Aunque Soares me asegura que hace falta ser fuerte, noble y grande para indignarse, resignarse o caer en el mutismo, yo me indigno, me callo y me resigno, sin ser grande, fuerte o noble. Porque no hace falta ser nada para hacer nada. Basta fingir, creer que uno es para atreverse a hacer. Fuera de eso, indignarse,callar o resignarse es mera vanidad, que lo que uno cree que hace cae por tierra hecho pedazos cuando alguien más contempla nuestros actos.

oOo

He dejado que Soares duerma un poco mientras disfruto la sensación de no ser Soares, de ser cualquier otro, siempre y cuando no el mismo Soares. Soares he permanecido mucho tiempo y triste, sin que decirlo sea una queja, una condena, una recriminación a todo lo que en mí es Soares.

Así como he sido triste y he disfrutado del sedante y tibio ardor de la tristeza, gozo en este instante ser incómoda y ansiosamente todo lo demás, excepto triste.Alegría, ira, desesperación, euforia, tedio, nada de eso siento claramente. Me invade la comodidad absurda de ir a la deriva, un tanto excéptico, un tanto cargado de angustia. Perdido, si de exactitud se trata, y satisfecho de estarlo, porque de haber pasado tantas horas en mi habitual tristeza y elegida soledad, surgió lo que de aventurero en mí se guarda, cansado de soñar ser no triste o no ser triste o como quiera que deba decirse como estoy, ahora, siendo.

oOo

Luego de esa larga pausa, de guardarse en la latencia de la luz que emerge de pronto en mitad de la luciérnaga, he vuelto a mi Soares. Y vuelto también al tedio de salir cada día de casa, doblar a la izquierda, sentir el aire de la mañana frío colarse por los orificios de mi ropa, respirar el fresco y húmedo despertar delas cosas y seguir, poco a poco despertando to también, hasta llegar al encuentro con la silla, el escritorio y los papeles que a diario llegan,permanecen un poco y se van.

El tedio se expande sobre las horas, como una sábana sobre una cama, adoptando su forma,acaso blanda acaso rígida, acaso ninguna. Lo llevo conmigo como llevo mis anteojos, y a fuerza de arrastrarlo me he acostumbrado ya a mirar a través de sus cristales.

Llega la tarde, la última hora de la tarde, y emprendo el camino inverso, giro a la derecha cuando el sol ya dejó de calentarlo todo y nuevamente he de ajustarme el abrigo, respirar el frío de la tarde y alcanzar a ver, mientras el tren avanza, a la primera estrella aparecer entre dos edificios.

Así, cada día, una y otra vez, yendo y volviendo, andando y retrocediendo, girando, dando un rodeo largo para volver al sitio donde comienzo. Llega la noche, se apaga el sol, el día descansa, latente en la oscuridad la luz, y cuando el sol sale,latente en la luz la penumbra. Ciclo tras ciclo, ir, venir, parpadear, titilar, la luna que gira sobre su propio eje, girando alrededor de la Tierra, que gira sobre su propio eje, girando alrededor del sol, que gira sobre su propio eje,girando con la galaxia, que gira sobre su propio eje, un conjunto de millones de estrellas alrededor de un hoyo negro, que tira de ellas y las repele y las engulle y las escupe y en donde toda la luz del universo aguarda en la latencia, que habrá de encenderse en mitad de la luciérnaga.

oOo

Aún en la caída

todo rayo es luminoso.

Se abre en el vacío un acto de liberación

purificados silencio y sombra apenas pasa.

Al diablo el tiempo: soy instante

y tras lo súbito sobreviene el espanto.

¿Siente el rayo su fugacidad?

¿teme en su esplendor no exorcizar su anonimato?

Poca cosa es el cielo para un ser de luz y de segundos.

En la tierra se hunde su fulgor, su apremio, su estupor, su desesperación.

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