Recuerdo una salida al museo del Virreinato en Tepotzotlán y a Arcos del sitio en la preparatoria, cuando uno de los chicos con quien me juntaba durante aquel paseo me expresó su frustración ya que no había internet en el segundo lugar en donde estábamos. Para mí es uno de mis lugares favoritos, por sus enredados caminos, puente colosal y su sección de albercas. Yo siempre he sido de las personas que se pierden en el verde de los caminos de carretera y olvido la película que se proyecta en los camiones para viajar. Pero, en aquel momento ese chico casi sufre un ataque de pánico por qué no había internet, le parecía el peor de los desastres. Me pregunto si ahora ese joven seguirá pensando que estar en un celular es mejor o si se ha unido a la melancolía colectiva de no poder abrazar a los amigos.

Con la pandemia de coronavirus gobernando el planeta en este 2020, el chiste recurrente ha sido el hecho de encontrarnos en una especie de apocalipsis. Ya no salimos con la misma frecuencia por un café, a un a parque o a una fiesta. Sin embargo, si realmente estuviéramos en una época apocalíptica como en las películas ni siquiera tendríamos internet. A lo largo de estos días he visto a todos agradecer y llamar héroes a los médicos y enfermeras que no se quedan en casa y combaten esta enfermedad, todo por las redes sociales y… ¿acaso nos hemos preguntado cómo es que podemos felicitar a estos profesionales desde la comodidad de nuestra cama? Y a pesar de no podernos abrazar, ¿cómo aún los profesores y estudiantes organizan sus clases virtuales y hablamos por WhatsApp con nuestros amigos? La comunicación no está totalmente perdida, sabemos el estado de salud de otros países, de nuestro país. Hasta el día de hoy no he escuchado o leído alguna felicitación sobre los otros héroes que no encuentras precisamente en los hospitales.

En el milenario libro de la Odisea aparece un personaje llamado Telémaco, hijo del protagonista. La etimología del griego o significado de este nombre refiere a “aquel que lucha de lejos”, es su prefijo tele lo que significa “lejos” y por otro lado makhe que es “lucha”. Este mismo prefijo lo encontramos en palabras tales como: telecomunicaciones, televisión, teléfono…

Aún podemos crear planes y compartir formas para ayudar a la gente que vive al día con su economía hecha trizas, con tan sólo grabar un video y sólo dar un clic lo mandamos a nuestros grupos de WhatsApp, de Facebook o Instagram para hacer consciencia. Los profesores nos exigen mayor cantidad de tareas para salvar el semestre, y es frustrante si te encuentras en los últimos años de los grados de educación, sobre todo la universidad. O las revistas literarias están causando gran movimiento para buscar arte en medio de un aislamiento que nos agita a todos, para recordarnos la fuerza que tienen nuestras creaciones artísticas, para hacernos de alguna manera compañía.

La comunicación es compleja si dedicamos a poner obstáculos a los sentimientos hasta ahogarnos en ellos y peor es si estás en la distancia sin conocer la reacción del otro, pero es importante dejar nuestra agua pasar. Durante estos días nos percatamos de la importancia de un beso, mirar a los ojos, tomar la mano. A veces el celular nos ha salvado de momentos incómodos y ahora muchos se lamentan desde la pantalla una desolación que causa el estar separados, ya no se escucha la canción de aviso para una llamada o un mensaje, las calles y los cafés están en silencio, pero hoy el vidrio de la lejanía que nos ayuda a escuchar la voz de quien amamos es lo único que hoy poseemos.

Tal vez, al despojarnos de los lujos y la compañía vital de los seres humanos nos hemos percatado de la importancia de las cosas más simples, acaso hemos volteado al otro para ser conscientes de la falta de esas necesidades porque sabemos que todo es un efecto dominó, ha emergido una nueva forma de comunicación sin la capacidad de tocarnos.

Casi toda mi familia por muchas generaciones ha trabajado en este tipo de empresas, mi mamá es una de esas personas que se levantan a las seis de la mañana y salen todos los días a exponerse a esta pandemia. Al igual que los trabajadores de la luz o el agua, para quienes somos afortunados aún contamos con estos servicios básicos.

Quizá para algunos son memorias olvidadas por el viento, pero, al menos para mí, mi mamá y sus compañeros son una especie de Telémacos que pelean para mantener al mundo tomado de la mano, para no perdernos por completo de nuestros seres amados en esta época tan difícil, incluso si los propios jefes no valoran del todo a sus trabajadores para luego terminar como Charlie Chaplin en su película de Tiempos Modernos. Quisiera que supieran que hay tantos héroes haciendo su labor al igual que los médicos. Hoy, son los tiempos para comprender cuál es la vitalidad y función de cada uno de nosotros en la sociedad, ahora sé que, si el mundo no se ha detenido, aunque lo está, es por mamá.

2 thoughts on “¿Y ahora dónde está la comunicación?”

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