Atada de manos

Los días pasan y se están llevando el mes marzo no sin antes dejarnos con un mal sabor de boca respecto al escenario político nacional. La desazón nos deja una sensación insatisfactoria en el paladar, naturalmente, pues a dos años del arribo de un gobierno que se pensaba encauzado por una agenda progresista; en muchas circunstancias, se ha visto rebasado por demandas sociales que no necesariamente cuajan en la animosidad del presidente revolucionario y nacionalista que habita Palacio Nacional.

Con el 8 de marzo marcando el inicio del mes, el presidente se blindó a sí mismo de los bombardeos mediáticos y de muchas mujeres que se manifestaban recordándonos que el gobierno de la Cuarta Transformación es el primero con un gabinete paritario. Es verdad, y es digno de reconocer la apertura de canales institucionales de empoderamiento femenino, aun cuando la perspectiva de género pase mayormente desatendida.

Indudablemente, existe el protagonismo en algunas Secretarias de Estado. Tal es el caso de Rocío Nahle, la secretaria de energía, quién ha sido una pieza clave en la odisea energética que ha venido a ser la batalla interminable por las empresas paraestatales del sector energético. Incluso, titulares de dependencias, como la lidereza del Servicio de Administración Tributaria (SAT), Raquel Buenrostro, quien bajo el seudónimo de la “dama de hierro del fisco”, ha desatado un ajuste de cuentas contra los evasores tributarios o los grandes magnates que tenía el beneplácito del poder sexenal.

Sin embargo, en el ajedrez político nacional, hay un alfil que el presidente se ha negado mover: la secretaria de gobernación, Olga Sánchez Cordero. Hablamos aquí del eslabón más débil del discurso del gabinete paritario, pues es notable la contradicción de tener a una mujer con el perfil de Sánchez Cordero, atada de manos, en uno de los cargos de mayor envergadura del país.

Viene a bien recordar a otros titulares de gobernación que han ejercido cabalmente las prerrogativas formales que les da el marco legal; y más aún, extralimitándose al punto de haber servido de operadores políticos en el territorio nacional para el presidente en turno, haciendo uso de prerrogativas informales para servir de auténticos alfiles de primera mano para el poder. En el sistema hegemónico, Luis Echeverría, Fernando Gutiérrez Barrios, Jesús Reyes Heroles, Jorge Carpizo la ocuparon; inclusive los últimos secretarios cuando la transición en México, desde Juan Camilo Mouriño hasta Miguel Ángel Osorio Chong pudieron operar políticamente la secretaria, pese a estar debilitada por otras instancias como la Oficina de la Presidencia.

A nuestra actual secretaria de gobernación la han desactivado, o peor aún, se ha visto rebasada políticamente en todo aspecto por sus colegas de gabinete. Queda claro que la atadura de manos le ha dado poco margen de maniobra para operar políticamente su agenda de género y, cuando ha tenido la oportunidad de tomar el timón del país, se ha visto en la necesidad de recular su agenda para alinearse con el presidente.

La investidura de gobernación no da per se el liderazgo sobre los demás Secretarios de Estado, eso nos queda claro. El avance de otros secretarios como Marcelo Ebrad, el canciller, con temas muy concretos como la adquisición y distribución de las vacunas o la capacidad de conciliar el tema migrante directamente con Estados Unidos, a desplazando automáticamente a la secretaria de una función de su competencia, posicionándose con un liderazgo indiscutible entre la gente más cercana al presidente. Por otra parte, administrativamente, no cabe duda que le han quitado los dientes a la secretaria; por ejemplo, en seguridad nacional, Sánchez Cordero ha quedado en su totalidad desplazada por la Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana con dependencias a su cargo como la Guardia Nacional o, más aún, el Centro Nacional de Inteligencia, antes bajo el andamiaje de gobernación.

Con las elecciones intermedias fuertemente inclinadas al orden local, los gobernadores de oposición están poniendo en marcha todo el aparato de gobierno para beneficiar políticamente a los candidatos afines, en cuyo caso Sánchez Cordero tendría que estar negociando el territorio con la oposición, moviendo sus piezas, ganando gubernaturas y ayuntamientos en favor del presidente; no obstante, en el terreno electoral sabemos que el presidente juega solo. Francamente, que la secretaria camine sobre suelo dominado por el partido oficialista y las mismas élites locales, parece imposible.

Poco queda de la Secretaria de Estado que en el pasado llevó a 7 candidatos del PRI a la Presidencia de la República, pues gobernación está prácticamente desdibujada del tablero político nacional. La secretaria Sánchez Cordero es la muestra de una mujer con un perfil de alto de nivel que, pese a estar muy cerca del poder, pareciera ser más una fachada del presidente para galardonarse con el primer gabinete paritario: está ahí, pero a la vez no juega políticamente. En la carrera por 2024, y con los ánimos por tener a una mujer por primera vez en la presidencia, parece que Sánchez Cordero quedó fuera desde el principio, resta saber si ella ya está enterada.

 

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