Imagen de cabecera. Canción sin nombre (2019) dirigida por Melina León. Fotografía: Inti Briones.

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Hay que destacar que Canción sin nombre es una película que no menosprecia la inteligencia de su audiencia, esto se ilustra de manera exitosa gracias a un guion que confiere la exposición de situaciones y eventos a los elementos que forman parte del entorno en el que se desarrollan los personajes.

No es la primera y tampoco será la última vez en que una obra se encuentre asediada por la influencia de otro producto de alcance más titánico. En el ámbito fílmico contamos con una serie de incontables títulos que se han visto estigmatizados por obras de mayor presupuesto y difusión propagandística. La situación es particularmente complicada para los títulos que emergen de casas productoras que se arriesgan con propuestas independientes y que, simultáneamente, evocan semejanzas con otras películas más afamadas. Es todavía más difícil sacudirse la sombra de la obra magnánima que prevalece en la memoria de las audiencias por encima de títulos salientes, no solo por el dominio de los valores fílmicos que le otorgan resonancia a una obra, sino porque la mayoría de los títulos más reconocidos de la historia deben su popularidad a una gestión envidiable de la promoción de su contenido. Este es el caso de la obra de la directora peruana, Melina León, con Canción sin nombre (2019): un título que recuerda al fenómeno que se suscitó hace algunos años con la llegada de la película Roma (2018) de Alfonso Cuarón. Es claro que la obra de Melina León es un trabajo independiente que merece reconocimiento propio sin que se le eclipse por títulos como Roma, sin embargo, a pesar de la inapelable asociación que realizan la mayoría de los espectadores ante los dos títulos, la obra de León logra defenderse de manera acertada ante los detractores que pretenden reducirla a un producto homólogo de la película de Cuarón.

Advertencia de spoilers

            La trama es la siguiente: corre el año de 1988 en Perú bajo la presidencia de Alan García, quien ha declarado la aplicación de la ley marcial y todo lo que esto supone. Una primera secuencia nos introduce en el arduo clima social y político que abruma a los civiles. Desfilan exposiciones de fotografías en las que se revelan los malestares que son tan familiares para Latinoamérica: corrupción, inflación económica, pobreza extrema y el abuso de poder de las autoridades y las fuerzas policíacas. Los protagonistas son Georgina (Pamela Mendoza) y Pedro Campos (Tommy Párraga), dos personas de circunstancias y oficios distintos que se ven reunidas por un crimen: el hurto del recién nacido de Georgina en una clínica médica ilícita. La cinta es bastante explícita en el tono de denuncia de problemas sociales y políticos, pero lejos de convertirse en un ejercicio narrativo de defensa de las comunidades marginadas, es un retrato frío y honesto sobre la realidad latinoamericana, desafortunadamente vigente hasta la actualidad. En Canción sin nombre no hay héroes, no hay absoluciones, tampoco hay escenas de justicia que resulten catárticas. Si hay rendición de cuentas sucede como lo presenciamos: a partir de una nota en la televisión sobre los responsables implicados en el tráfico y venta de menores mientras ocurren otros tantos crímenes que no advertimos.

            Los aciertos de Canción sin nombre refieren al lenguaje visual que León configura, acompañada del director de fotografía Inti Briones. Después de una primera introducción que contextualiza al espectador en el clima social y político del Perú de los años ochenta, lo siguiente es una exposición de uno de los ritos realizados por la comunidad quechua: a manera de despedida, los amigos y familiares de Georgina y su marido han organizado una ceremonia tradicional para manifestar su apoyo y deseos de un viaje exitoso (Fotograma 1). Nada podría resultar más irónico que una primera secuencia cargada de optimismo para dar lugar a eventos trágicos y desafortunados que hacen mofa de los buenos deseos. El largometraje continúa con una escena que ilustra cariño y afecto entre los recién casados. La elección de estas secuencias es uno de los aspectos más fuertes de la obra de Melina León, ya que, acompañada una después de la otra, ejemplifican un contraste de intimidad y afecto en situaciones opuestas, como lo declara Peralta Rigaud (2020) en su propia reseña de la obra: “Ya en esta etapa, la película ha mostrado una gran elegancia en su puesta en escena: ha convocado dos intimidades, una ferviente, colectiva, la otra privada.”

Fotograma 1. Fotografía por Inti Briones

Hay que destacar que Canción sin nombre es una película que no menosprecia la inteligencia de su audiencia, esto se ilustra de manera exitosa gracias a un guion que confiere la exposición de situaciones y eventos a los elementos que forman parte del entorno en el que se desarrollan los personajes. Esta decisión narrativa, además de otorgarle autoridad a los personajes ­—ya que no se ven sometidos por los hechos que representan una parte importante tanto del mundo ficcionalizado como de la realidad tangible—, es también un retrato auténtico que ilustra la manera en que las personas recibimos información, como lo es a partir de un anuncio que escuchamos en la radio, una nota de interés en el canal de las noticias o, para modernizar las cosas un poco, una publicación en alguna de nuestras redes sociales (Fotograma 2). Mi apreciación es que estos elementos fortalecen las virtudes de la cinta en lugar de eclipsar las aportaciones de los propios actores.

Fotograma 2. Fotografía por Inti Briones

Canción sin nombre es una cinta bastante sutil en la exposición de los temas centrales que rodean a la obra. Destaca la presencia de una pieza literaria que, si bien no se discute a profundidad a lo largo de la cinta, ilustra temas esenciales que resuenan con las situaciones de los personajes. En un punto de la cinta, Pedro Campos, el periodista a cargo de la cobertura del caso de Georgina, se ve inmerso en una obra de Tennessee Williams, El zoo de cristal (Fotograma 3): esta obra retrata dualidades como el encierro y la libertad, la ilusión y la realidad, y, por último, la fragilidad.

Las circunstancias que se entrelazan a lo largo de la trama fortalecen algunos de los temas a los que El zoo de cristal hace referencia: el encierro y la libertad se evidencian de forma explícita entre las secuencias que involucran la apatía tan propia de los procesos burocráticos, a la par que el tópico se consolida con la exposición de una escena en que Geo y Pedro son privados de su libertad a manos de las fuerzas policíacas. A su vez, la ilusión y la realidad se presentan de manera implícita en la construcción de escenas particulares, como lo es el momento del parto de Georgina y, consecuentemente, el momento en que le arrebatan a su hijo: la escena se nos muestra con una perspectiva desenfocada que refleja el estado mental de la propia Georgina. Es una escena construida a base de empatía y resonancia: nosotros también, confundidos al igual que Geo, experimentamos el hurto de un recién nacido y todo lo que podemos distinguir son meras siluetas amorfas. Pero probablemente el tema predominante a lo largo de ambas obras (novela y película) es la fragilidad. El título de la novela incorpora el término «cristal» para remitir a situaciones y personajes de suma vulnerabilidad, no es accidental la selección de esta obra para referir a la propia vulnerabilidad de los personajes, la cual se fortalece gracias a las interpretaciones de sus actores, particularmente la de Pamela Mendoza.

Personalmente considero tanto un acierto como un error la selección del drama de Williams para exponer los temas que se desarrollan en la película, ya que, si bien comparte semejanzas temáticas con la película, se trata de una obra poco conocida entre el grueso de las comunidades de habla hispana debido a la poca exposición que han tenido a la literatura de habla inglesa. Esto resultaría en que la obra literaria sea conocida únicamente por una audiencia en particular en lugar del público en general; no obstante, considero que la película maneja acertadamente una narrativa propia en la que se dejan ver la libertad, el encierro y la fragilidad, por lo que la incorporación de El zoo de cristal no eclipsa ni sustituye estos temas.

Fotograma 3. Fotografía por Inti Briones.

¿Cuál es la canción sin nombre? Peralta Rigaud (2020) responde lo siguiente:

La canción sin nombre podría ser la canción de cuna que Georgina no puede cantar a su hijo desaparecido, pero también es el estribillo secreto de todos aquellos que tienen que vivir y sobrevivir al margen de una sociedad violenta, por su género, color de piel, idioma, sexualidad. Una canción secreta que, como una canción revolucionaria, se convierte en un gigantesco estruendo cuando encuentra su eco.

La premisa está dada y Melina León ha construido una obra política y de denuncia social. La selección del título podría estar influenciada por la obra de Tennesse Williams que fue seleccionada para aludir a los temas de la cinta: un título explícito en la sutileza de su contenido. Como bien señala Peralta Rigaud, el título hace referencia a la experiencia del personaje de Georgina, que es, por extensión, la circunstancia de quienes han experimentado la indiferencia de un sistema que abusa y corrompe los derechos humanos, haciendo particular hincapié en las vivencias de las comunidades más vulnerables. Por supuesto, no se trata de una película perfecta, hay quienes podrán objetar que la construcción de personajes en Canción sin nombre se reduce a la promoción de estereotipos tradicionales. Seguramente esto supone una discusión importante para el progreso del cine en general, no solamente del cine peruano, sino de la industria fílmica como la conocemos, pero de igual manera podemos reconocer las virtudes de una obra que supone un reflejo honesto y brutal de Latinoamérica, y ojo, que la relación que encontramos con la obra de Williams emerge más bien de los paralelismos entre territorios colonizados y no tanto de clichés narrativos. Canción sin nombre es el primer largometraje de Melina León y, seguramente, atenderá estos detalles en el futuro. La discusión queda abierta.

            Canción sin nombre está disponible en la plataforma de Netflix.


Referencias:

Peralta Rigaud, R. (2020). Critica a “Canción sin nombre” (2019) de Melina León. [Entrada de blog]. Cocalecas. Disponible en https://cocalecas.net/2020/01/critica-a-cancion-sin-nombre-2019-de-melina-leon/?fbclid=IwAR29b9hqMaDAhuPMRCaW3dtnhL6lUQ8QbCCrjqrFqYK73svwWb-vXZSrxHY

Solorzano, F. [Letras Libres]. (28 de enero de 2021). Cine aparte • Canción sin nombre. [Video] YouTube. Disponible en https://youtu.be/QMgnFwKpcUk